Esta cultura prehispánica ubicada
entre los años 500 a.C.
y 500 d.C. habitó las zonas aledañas a la desembocadura del río Guayas, de
manera especial en la isla Puná, y a lo largo de las costas de El Oro hasta la
costa norte del Perú.
Fue descubierta en 1961 cuando los
arqueólogos Zevallos y Holm
excavaron un sitio en el estero de Ayalán; pero este
descubrimiento permaneció casi desconocido hasta que los arqueólogos
norteamericanos Evans y Meggers
permitieron conocer mayores detalles sobre esta cultura.
Aunque es muy poco -o casi nada- lo
que se conoce sobre las características de sus hombres, sus costumbres
funerarias, y las formas y modo de sus viviendas; ha podido determinarse que su
principal fuente de subsistencia la obtenían directamente del mar, ya sea como
pescadores o como recolectores de mariscos, aunque se ha comprobado que
hicieron agricultura de ciclo corto.
Se han encontrado algunas piezas de
cerámica, pero estas no tienen la competencia tecnológica de otras como la Guangala. En
cuanto a sus figurillas, estas se presentan en forma estilizada y con cierta
delicadeza artística: Uno de los tipos existentes en su cerámica antropomorfa,
es el descrito por el padre Porras en su
obra “Arqueología Ecuatoriana”, y que dice: “El cuerpo es hueco, ligeramente
expandido de diámetro bajo la garganta y luego adelgazado hasta terminar en un
pie único, abierto por debajo... Los brazos se reducen a simples proyecciones
que salen de los hombros a veces con incisiones para significar los dedos. Las
cabezas tienen por características ser más anchas que altas (el doble).
Los ojos varían en ejecución...”.
Trabajaron delicadamente las conchas
con las que elaboraron pendientes de forma antropomorfa y circulares hechos de
concha entera con una o dos perforaciones, cuentas circulares similares a las
elaboradas en piedra por otras culturas, y “lliptas”
o pequeños envases para guardar coca.
Autor: Efrén Avilés Pino
Miembro de la Academia Nacional
de Historia del Ecuador
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