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ARROYO DEL RIO, Dr. Carlos Alberto


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ARROYO DEL RIO, Dr

Poltico, orador, literato y jurista nacido en Guayaquil el 27 de noviembre de 1893, hijo del Sr. Manuel Mara Arroyo Valencia y de la Sra. Aurora del Ro y Vera.

Creci al influjo de las transformaciones polticas y sociales que se produjeron como consecuencia de la Revolucin Liberal, y desde muy temprana edad demostr poseer una notable inteligencia que lo hizo sobresalir entre sus compaeros de la Escuela San Luis Gonzaga de su ciudad natal. Por esa poca, los incendios que azotaron a Guayaquil acabaron con todos los bienes de su familia, y poco tiempo despus muri su padre dejando a su madre sumida en una honorable pobreza, por lo que desde temprana edad -al tiempo que estudiaba- tuvo que trabajar para poderla mantener.

El bachillerato lo concluy en el Colegio San Felipe de Riobamba -establecido en 1838-, luego de lo cual volvi para ingresar a la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad de Guayaquil, donde haciendo uso de la libertad de estudios obtuvo el ttulo de Doctor en Jurisprudencia el 3 de agosto de 1914; pero debi esperar hasta cumplir la mayora de edad para poder incorporarse, el 19 de diciembre, al Cuerpo de Abogados de la Repblica.

Comenz su vida pblica en 1915 trabajando en favor de la candidatura presidencial del Dr. Alfredo Baquerizo Moreno, y al ao siguiente inici una brillante carrera poltica cuando fue elegido Diputado por la provincia del Guayas al Congreso Nacional, dignidad a la que volvi a ser electo en 1917, 1922 y 1923, habiendo sido adems, en los dos ltimos aos, Presidente de la Cmara Joven.

En 1924 fue elegido Senador, y luego llamado para encargarse de la Presidencia de la Repblica por haberse concedido licencia al presidente Dr. Jos Luis Tamayo; en esa ocasin y al igual que lo hara en otras, a pesar de las presiones prefiri excusarse de aceptar dicha designacin.

Su desprendimiento por el poder, su extraordinaria capacidad parlamentaria y su elevado patriotismo hicieron que el Partido Liberal -en 1932- propusiera su candidatura a la Presidencia de la Repblica, pero debi excusarse por no haber cumplido an los cuarenta aos de edad, que era la mnima requerida por la Constitucin para ejercer dicho cargo. Un ao despus fue propuesta su candidatura por segunda vez, y volvi a excusarse ante la falta de unanimidad existente en su partido con relacin a su candidatura.

En 1935 fue nombrado Director Supremo del Partido Liberal y volvi al Senado como representante de las universidades. Fue entonces elegido Presidente de dicho cuerpo legislativo y su figura poltica alcanz estaturas gigantescas.

Gobernaba entonces el pas el Dr. Jos Mara Velasco Ibarra, quien haba alcanzado el poder luego de propiciar la cada del presidente Sr. Juan de Dios Martnez Mera y de haber prometido -juramento de por medio- que jams aceptara candidatura alguna para llegar a la Primera Magistratura.

Desde el Congreso se convirti en el lder de una oposicin frontal y razonada que hizo perder la serenidad al mandatario, que el 20 de agosto, en uno de esos arrebatos que caracterizaron su atolondrada vida pblica, decidi disolver el Congreso, autoproclamarse dictador y poner en prisin a la mayora de los legisladores de la oposicin, entre ellos a su presidente el Dr. Arroyo del Ro.

Pero el pueblo ecuatoriano no estaba dispuesto a permitir que se atropellen los derechos ciudadanos, y al grito de Viva la Constitucin... Abajo la Dictadura...! expres su rechazo al intento dictatorial. Igual cosa hicieron las Fuerzas Armadas, que respondiendo a la indignacin popular y en patritica actitud, procedieron a la destitucin del frustrado dictador, a quien ese mismo da detuvieron para luego obligarlo a que abandone el pas.

Ese mismo ao -habiendo cumplido ya la edad mnima requerida- fue propuesta su candidatura por tercera vez, pero no se realizaron las elecciones debido a que el Encargado de la Presidencia de la Repblica -Dr. Antonio Pons- renunci al cargo entregando el poder ante una Junta Militar, que a su vez lo traspas al Ing. Federico Pez. As se manejaban los destinos del pas en esa poca de desorden y anarqua poltica.

En 1938 -por cuarta vez- nuevamente fue propuesta su candidatura presidencial, y una vez ms se excus de aceptar, por lo que fue propuesta la de su coideario el Dr. Aurelio Mosquera Narvez, que result elegido.

A mediados de noviembre de 1939 y ante el fallecimiento del presidente Mosquera Narvez, de acuerdo con la Constitucin y en su calidad de Presidente del Senado le correspondi ocupar el cargo que quedaba vacante. Esta situacin fue aprovechada por la Asamblea Liberal que un mes ms tarde lo postul por quinta vez a la Presidencia de la Repblica y, para evitar una nueva negativa, dio por terminadas sus labores antes de que se pudiera excusar.

Entonces, y ante la seguridad de que si se negaba poda dejar al Partido Liberal sin candidato a la Presidencia de la Repblica, para poder aceptar renunci al cargo que vena desempeando, que fue asumido por el Presidente de la Cmara de Diputados, Dr. Andrs F. Crdova.

Las elecciones presidenciales -que se realizaron en los das 10 y 11 de enero de 1940- fueron muy polmicas, pues pasado el primer da y viendo que el cmputo parcial favoreca al Dr. Arroyo con ms de 5.000 votos, respaldado por un grupo de aviadores el Dr. Jos Mara Velasco Ibarra intent un movimiento revolucionario para desconocer el resultado, acusando al Encargado del Poder Ejecutivo, Dr. Andrs F. Crdova, de haber preparado un fraude electoral; pero el Dr. Crdova no se dej impresionar por la prepotencia del insurrecto, y en uso de la autoridad de que estaba investido orden que fuera encerrado en el Panptico y luego enviado fuera del pas.

Al respecto del fraude electoral, supuestamente perpetrado por quien hizo de su vida un camino limpio y an hoy est reconocido como uno de los juristas y polticos ms honorables, correctos, impolutos y notables del Ecuador, el Dr. Andrs F. Crdova -al ser preguntado- respondi: Se dijo que yo haba enviado un telegrama a la provincia de Manab solicitando 46.000 votos para que triunfe Arroyo del Ro y al final el total de votos de Arroyo era de 42.000 en toda la Repblica (En el Palacio de Carondelet.- Eduardo Muoz Borrero).

As las cosas y de acuerdo con la Constitucin, el Dr. Arroyo del Ro asumi la Presidencia de la Repblica el 31 de agosto de 1940. Ese mismo da declar enfticamente que su gobierno se caracterizara por la rectitud y firmeza de los procedimientos. Dijo entonces: De todos los caminos que pueden conducir a la concordia, slo habr dos por los que nunca transitar mi gobierno: El de la condescendencia deshonesta y el de la debilidad desconceptuante.

Arroyo del Ro, que maliciosamente haba sido calificado por sus detractores de ser un poltico oligarca y sectario, demostr todo lo contrario al momento de formar su gabinete ministerial, al que integr con representante de todos los sectores polticos, incluyendo en l -junto a cuatro miembros de su partido- a dos militantes izquierdistas, un independiente y un conservador. Ellos fueron el Dr. Aurelio Aguilar Vsquez y los seores Guillermo Bustamante, Vicente Illingworth Ycaza y Vicente Santistevan Elizalde, en las carteras de Gobierno, Educacin Pblica, Hacienda y Defensa, respectivamente; el Dr. Carlos Andrade Marn y el Sr. Rodrigo Vela Barahona, en las de Previsin Social y Trabajo, y Agricultura; el Sr. Luis Cordovs Borja, en la de Obras Pblicas; y el Dr. Julio Tobar Donoso en la de Relaciones Exteriores. Todos ellos hombres probos, honorables, intachables, de altsimas condiciones cvicas y morales, y de patriotismo a toda prueba.

Ocho hombres de distintos sectores geogrficos y campos ideolgicos, fueron aquellos a cuyo patriotismo apel -no me cansar de repetirlo- para formar un Gabinete en el que predominara el civismo, la honradez, la independencia, el buen criterio, la amplitud de miras, el anhelo de servir al pas. Haba ah quines eran coidearios mos y quines no lo eran. Con muchos de ellos no haba tenido la honra de ser amigo....

No se haba cumplido an el primer ao de su gobierno, cuando el 5 de julio de 1941, de acuerdo a su costumbre y aprovechndose de las ventajas estratgicas y geogrficas que le ofrecan el Tratado Salomn-Lozano y el Statu Quo reconocido en el Acta del 6 de Julio de 1936, el Per asest una nueva y traidora pualada a nuestra patria invadiendo el territorio ecuatoriano en la provincia de El Oro. Nuestro ejrcito se prepar para la defensa, pero aos largos de descuido y de mala diplomacia, nos condujeron al trgico final (A. Pareja Diezcanseco.- Ecuador: Historia de la Repblica, tomo III. p. 111).

Debido a la gravsima crisis econmica por la que atravesaba el pas, despus del despilfarro de las dos anteriores dictaduras; el Dr. Arroyo no pudo comprar armamento ni equipar un ejrcito de siquiera 10.000 hombres (Galo Romn.- Ecuador: Nacin Soberana, p. 470).

El 23 del mismo mes sufrimos ataques totales contra las provincias de El Oro, Loja y el oriente; y nuestras pocas fuerzas militares, aunque lucharon con herosmo, fueron vencidas, no por el valor, sino por la abrumadora superioridad militar y la traicin del enemigo.

La situacin de nuestro ejrcito era verdaderamente desesperada, la falta de preparacin y el escaso presupuesto no permitan la compra de material blico, y aunque el pueblo deseaba ir al frente de batalla, no haba cmo armarlo, alimentarlo, ni transportarlo.

En esas condiciones de tremenda y dramtica desventaja -con su territorio invadido por fuerzas militares peruanas- el Ecuador asisti a la Conferencia de Cancilleres que en los primeros das de enero de 1942 se reuni en la ciudad de Ro de Janeiro, Brasil, llevando ante este organismo internacional nuestro sangrante problema territorial.

La delegacin ecuatoriana defendi brillantemente y con slidos argumentos jurdicos e histricos el honor y los derechos territoriales de nuestro pas, denunciando adems la forma traicionera como haba sido atacado, pero las artimaas y astucia de los delegados peruanos -quienes adems esgrimieron una carta pblica escrita por el Dr. Velasco Ibarra acusando al gobierno ecuatoriano de ser el agresor- lograron embaucar a los delegados de los pases mediadores, Argentina, Brasil, Chile y Estados Unidos, quienes presionaron a los ecuatorianos para que acepten la firma de un tratado por medio del cual el Ecuador deba de ceder, en nombre de la paz, gran parte de su territorio oriental y los derechos que defenda sobre la orilla izquierda del Amazonas.

Nuestra delegacin rechaz rotundamente dicho documento, e inclusive se neg a tratar el asunto mientras el territorio ecuatoriano estuviera invadido por las fuerzas militares peruanas, pero el Canciller del Brasil, Sr. Oswaldo Aranha, seal a nuestra delegacin que si el Ecuador no aprovechaba la oportunidad de la reunin de Ro de Janeiro, los pases mediadores se retiraran dejando nuestro destino a la suerte de las armas, destacando adems que ...las pretensiones del Per son sin lmites ; despus de cinco das les invaden.

Esta amenazadora sentencia tena un solo significado: despus de cinco das el Per estara en Guayaquil, que es la joya que siempre ha deseado.

Conociendo esta delicadsima situacin, el Ministro de Defensa Nacional, Crnel. Carlos A. Guerrero -pundonoroso y distinguido militar a quien por sus conocimientos y dotes de organizacin se lo haba llamado a dirigir el Departamento de Defensa a raz del desastre fronterizo- present a la Junta Consultiva -el 19 enero de 1942- una exposicin en la que en algunas de sus partes dice: ...El Ecuador no tiene ejrcito para la defensa de su soberana. En Aviacin, cero; En Marina, dos caoneras sin municin: El Presidente Alfaro y el Caldern. La defensa de la costa, nula... La fuerza de infantera no puede ser atendida eficazmente por falta de elementos materiales disponibles... La municin en cantidad estrictamente indispensable, hay que gastarla con rigurosa economa, para que no llegue el momento de quedarnos sin nada...

En estos datos, que dan la medida de nuestra tristsima realidad militar, tiene la Junta los elementos de juicio para aconsejar al gobierno el arreglo pacfico del problema o su solucin por la fuerza. Porque, en mi concepto, resistirse al arreglo, sera escoger la guerra, con la seguridad de la absoluta derrota... Como soldados estamos obligados a aconsejar la guerra cuando hay posibilidades de triunfo. En caso contrario, es nuestro deber indicar la paz... No podemos atenernos a la eventualidad de impedir, si llegase el caso, un desembarco en Guayaquil...

Si estuviramos en condiciones de hacer la guerra, con probabilidades de llegar a la victoria, es claro que no sera otra la actitud del Ecuador. Pero, en las circunstancias actuales, estoy seguro que no habra ningn militar, ningn soldado que fuese partidario de la lucha armada... Si no se llega en estos das, a un arreglo, (el Per) va a atacar Guayaquil, empresa para l relativamente fcil de realizar,... tomado Guayaquil, no podra resistir el golpe, peor devolverlo al Per....

Pocos das ms tarde -el 24 de enero- el Crnel. Guerrero present al Presidente la renuncia de su cargo exponiendo -entre otras cosas- lo siguiente:

...en tan adverso estado de cosas; cmo hacer frente al ejrcito peruano, organizado, armado, equipado con aos de anticipacin, movilizado casi por completo y que cuenta para este ao con ms de cuatrocientos millones de sucres, exclusivamente para gastos militares?...

En consideracin a la debilidad militar del Ecuador y a fin de salvar su existencia, he opinado y sigo opinando que el pas debe resueltamente sacrificar sus aspiraciones sobre el Maran y aceptar sin regateos la lnea oriental que los pases mediadores consigan del Per, cualquiera que sea.

No es as el parecer de la Junta Patritica y de la Junta Consultiva, las cuales se adormecen con la patritica ilusin de que las aspiraciones nacionales pueden ser grandes, aunque no existan medios para realizarlas....

Por otro lado, diferentes observadores militares ya haban opinado en relacin a la situacin que se viva, asegurando que: Si el Ecuador se negase a aceptar las condiciones a proponerse por Per, se completara la ocupacin de El Oro y se avanzara sobre Loja, Cuenca y Guayaquil. No slo la negacin sino aun cuando se produjera una aceptacin a la propuesta, el Per adoptara tal conducta si es que el Ecuador dilata la firma del tratado que finiquite el problema de las fronteras (La Invasin Peruana y el Protocolo de Ro, p. 436.- Julio Tobar Donoso).

No fue el Dr. Arroyo del Ro quien decidi la firma del Protocolo de Ro de Janeiro, el Gobierno solo comprendi la dramtica situacin por la que estaba pasando y acept la recomendacin del Ministro de Defensa que conoca profundamente la realidad militar que el Ecuador viva en esa poca dolorosa.

Fue entonces y solo entonces que -obligado por las presiones militares peruanas y con la venia de los pases garantes, Argentina, Brasil, Chile y Estados Unidos; que tambin haban crecido a costa de territorios arrebatados a sus vecinos- en nombre de la paz continental, a la 1;20 de la madrugada del 29 de enero de 1942, en el Palacio de Ytamarati, el Ecuador fue obligado a firmar el Protocolo de Ro de Janeiro, por medio del cual -con una que otra rectificacin- se le dio legalidad jurdica a la ocupacin que de hecho mantena el Per -desde 1936- en territorios de la regin oriental.

Nuestro pas perdi 13.480 km2 de su amazona, no los 300.000 que tantas veces se ha dicho, y mucho menos sus derechos sobre las mrgenes izquierdas del Amazonas, pues esas regiones estaban en manos del Per desde muchsimos aos antes.

La firma del Protocolo de Ro de Janeiro -que es el nico documento que desde el nacimiento de la Repblica, en 1830, determina los lmites entre el Ecuador y el Per, porque no existe y jams a existido otro documento limtrofe entre las dos naciones- signific un sacrificio muy dramtico para nuestro canciller, el Dr. Julio Tobar Donoso, quien debi que tomar, en cuestin de horas, una de las decisiones ms importantes y dolorosas en la historia de nuestro pas, sin contar siquiera con las facilidades para comunicarse con el Presidente de la Repblica y menos an con su aprobacin para la firma del mismo; pero comprendiendo el terrible peligro que se cerna sobre nuestra patria, enfrent con su firma el implacable juicio de la historia, que no fue otra cosa que determinar por primera vez, los verdaderos lmites entre Ecuador y Per.

El Dr. Arroyo del Ro era Liberal... El Dr. Julio Tobar Donoso -que firm el Protocolo- era conservador. Al presidente Arroyo del Ro le hubiera sido muy fcil lavarse las manos ponciopilticamente y destituir al canciller Tobar Donoso, hacindolo responsable del desastre; pero Arroyo del Ro -que era un caballero y un hombre de honor- estaba conciente de que el Protocolo de Ro de Janeiro era un documento salvador de la existencia de la Patria y por ello -a sabiendas de las consecuencias polticas que este le traera- en un gesto de nobleza de los tantos que lo enaltecieron durante toda su vida pblica y privada, le brind su respaldo total e incondicionalmente.

Pocos das despus de la firma del Protocolo de Ro de Janeiro y cumpliendo con lo dispuesto en la Constitucin vigente, que era la de 1906, el presidente Arroyo del Ro convoc al Congreso de la Repblica -al cual asistan miembros de todas las ideologas polticas- para que sea este quien apruebe o desapruebe la firma de dicho documento; y el Poder Legislativo, luego de las consultas y reuniones pertinentes, con fecha 26 de febrero de 1942 expidi el decreto correspondiente que en su artculo nico dice: Aprubase el Protocolo de Paz, Amistad y Lmites firmado en Ro de Janeiro, el 29 de enero del presente ao... etc. etc. etc.

No fue el Presidente Arroyo del Ro quien por s y de por s acept la firma del Protocolo de Ro de Janeiro; fue el razonamiento inteligente de un cuerpo legislativo consciente el que decidi que as se lo haga, porque era el nico camino que le quedaba al Ecuador para salvar su existencia.

La demagogia poltica ha tratado de desfigurar los hechos dndoles aspectos diferentes a la realidad. La verdad es que la situacin indefensa del pas por falta de armamentos, municiones, plan de guerra, preparacin militar, caminos, marina, aviacin, recursos econmicos, etc. -todo ello en pleno conflicto mundial que dificultaba cualquier gestin- impidi nuestra defensa y nos coloc en una posicin sumamente grave.

Se inculp al gobierno de no haber mandado fuerzas a la frontera; pero ste procedi de acuerdo con las realidades, escuchando solamente los dictmenes que deba or y actuando con toda serenidad para evitar que el desastre sea mayor. Si contra la opinin de quienes deban darla, en las condiciones defensivas en que se encontraba el pas, hubiera enviado hombres armados a sostener una lucha desigual en la frontera, quin sabe cules habran sido las consecuencias. El Congreso Nacional de 1942, que conoci amplia y minuciosamente el caso, expidi a favor del presidente Arroyo del Ro un acuerdo exculpativo y honroso.

A pesar de que el Protocolo de Ro de Janeiro haba sido un documento salvador de la existencia de la Repblica, y sobre todo de Guayaquil que siempre ha sido la presa ms codiciada por la rapia peruana, el 28 de mayo de ese mismo ao, un grupo de anarquistas y universitarios -seducidos por la retrica patriotera del Cap. Leonidas Plaza Lasso- intent asaltar el Palacio Presidencial supuestamente con el propsito de exigir al Presidente la renuncia.

Esa tarde, Lus Felipe Borja del Alczar -padre del Dr. Rodrigo Borja Cevallos- convertido en abanderado del motn, asesin a quemarropa a un carabinero e hiri a varios ms. Ante esta situacin, la guardia presidencial abri fuego y los asaltantes tuvieron que huir despavoridos. Plaza fue capturado y Borja busc refugio, precisamente, en la Embajada del Per, que le extendi el respectivo salvoconducto para que pueda viajar a ese pas.

Ironas de la vida: Se acusa al Dr. Arroyo del Ro de ser el culpable de la debacle militar del 41 y de la firma del Protocolo de Ro de Janeiro. Se lo acusa de que por su culpa el Ecuador ha dejado de ser pas amaznico; pero uno de sus acusadores, luego de asaltar el Palacio de Gobierno, para evitar ser capturado pide la proteccin del Per.

Durante la Segunda Guerra Mundial y sobre todo despus del 7 de diciembre de 1941 en que el Japn atac la base naval norteamericana de Pearl Harbor en Hawai, nuestro pas vio reducidas sustancialmente todas sus exportaciones; esto, sumado al desgaste econmico que produjo la invasin peruana y la reconstruccin de las zonas afectadas por el conflicto, ocasion en las arcas fiscales un desfinanciamiento de caractersticas alarmantes: Le toc entonces sortear con inteligencia y habilidad las tremendas consecuencias de la depresin econmica, impidiendo la inflacin y la desvalorizacin de la moneda, de tal manera, que al finalizar 1942 el endmico fisco obtuvo un apreciable supervit.

Ese mismo ao -entre el 16 de noviembre y el 16 de diciembre-, por invitacin de los gobiernos de Colombia, Mxico, Estados Unidos, Cuba, Panam y Venezuela; realiz un histrico viaje que dej recuerdos inolvidables en el pueblo y gobernantes de cada uno de esos pases, que recibieron al Apstol del Panamericanismo con los ms altos honores y consideraciones.

A pesar de la Guerra Mundial, de la invasin peruana de 1941, del desmembramiento territorial que sufri nuestra patria, de los gastos de reconstruccin nacional y de la intensa oposicin que padeci durante todo su mandato por parte de quienes buscaban desestabilizar al pas para poder continuar con el festn de los desgobiernos y las dictaduras, el Dr. Arroyo del Ro pudo realizar obras de gran beneficio social.

Solucion los problemas econmicos que sufra el Pas reduciendo considerablemente el dficit presupuestario y reform la Ley del Seguro Social, institucin a la que reestructur dndole solidez para que preste buen servicio a todos los ecuatorianos.

Impuls la educacin pblica con la creacin de los colegios nacionales Aguirre Abad de Guayaquil, Juan Po Montfar de Quito, Alejo Lascano de Manab y el Nacional de Seoritas de Riobamba; asign un local independiente al Instituto de Pedagoga de Guayaquil, que funcionaba anexo al Vicente Rocafuerte y adquiri otro para el colegio de Esmeraldas; apoy con 100.000 sucres a los talleres de la Escuela Central Tcnica de Quito, cre los colegios de Atuntaqui y Zaruma, y ms de treinta establecimientos de educacin primaria en diferentes lugares del pas, destinando adems la cantidad de 1500.000 sucres para la construccin de edificios para las escuelas rurales.

Cre la Universidad de Loja y dict un decreto por medio del cual se asignaron las rentas necesarias para la Ciudad Universitaria de Guayaquil, que haba sido fundada por l -cuando era rector de dicho centro de enseanza superior- en 1938. Esa Ciudad Universitaria, que la politiquera le dio el nombre del presidente comunista que llev a Chile al hambre, el caos y la anarqua; debera honrarse con el nombre de su fundador, y llamarse Dr. Carlos Alberto Arroyo del Ro.

Arroyo del Ro habilit la carretera Panamericana desde Cuenca hasta Loja y desde Loja hacia El Oro; construy puentes y caminos e inaugur el servicio radiofnico internacional. Cuenca fue beneficiada con la inauguracin de su aeropuerto y con la creacin de un impuesto que permiti la construccin de su hermosa Catedral.

Dot de rentas a la Junta de Beneficencia de Guayaquil, inaugur la Escuela de Aviacin, y dispuso los fondos necesarios para la ampliacin del campo de aviacin de Quito, la inauguracin de los aerdromos de Cuenca y Riobamba, y las mejoras del de Esmeraldas; impuls la fundacin de la Junta de Agua Potable de Guayaquil, cre el Instituto de Higiene y dict muchas leyes de gran beneficio social.

Deseoso de propiciar el desarrollo econmico del pas, de manera especial en el los campos de la industria y la agricultura, con fecha 20 de octubre de 1943 cre el Banco Nacional de Fomento, que vino a sustituir el Banco Hipotecario, fundado durante el gobierno del Dr. Isidro Ayora.

Ese mismo ao, preocupado por impulsar el desarrollo cultural del Ecuador y con el propsito de que nuestro pas -que no era potencia militar- alcanzara un sitial de honor en la cultura, Arroyo del Ro fund el Museo Colonial de Quito y, mediante decreto No. 1755 del 11 de noviembre de 1943 cre el Instituto Cultural Ecuatoriano, al que el gobierno que le sucedi intent escamotear cambindole su nombre por el de Casa de la Cultura Ecuatoriana.

Arroyo del Ro Increment a la Armada Nacional con la adquisicin de las naves 10 de Agosto, 9 de Octubre y 5 de Junio, y con fecha 7 de enero de 1944 expidi el Decreto No. 2120 por medio del cual dispuso la creacin de la Marina Mercante Nacional, asignndole los fondos necesarios sin incrementar el Presupuesto General del Estado.

Pocos meses antes de finalizar su gobierno y cuando se iniciaban los preparativos para las nuevas elecciones presidenciales, a principios de 1944 el Partido Liberal -aunque un poco debilitado por las luchas internas- propuso la candidatura del Dr. Miguel Angel Albornoz, Director Supremo de dicho partido y ltimo Presidente del Congreso Nacional.

Para contrarrestar esta candidatura, las fuerzas opositoras organizaron una coalicin que agrup a comunistas, socialistas, conservadores y disidentes del Partido Liberal -a la que denominaron Alianza Democrtica Ecuatoriana (ADE)-, la cual auspici la candidatura del Dr. Jos Mara Velasco Ibarra, que se encontraba -como fue siempre su costumbre- radicado fuera del pas.

Dicha coalicin, con la ayuda y el asesoramiento del entonces Tnte. Sergio Enrique Girn -quien desde los ltimos das de 1943 haba empezado a planificar un golpe para derrocar al rgimen, comprometiendo para el caso a los oficiales de varias unidades militares-, present una violenta y radical oposicin al rgimen del Dr. Arroyo, que produjo en el pas un clima de intensa agitacin poltica que, acrecentado por las fogosas arengas de los politiqueros y aprovechando diversas circunstancias laborales, culmin cuando estall en Guayaquil el golpe militar mal conocido como la Revolucin del 28 de Mayo de 1944.

El ejrcito y los carabineros -leales al gobierno- pidieron al presidente la autorizacin para enfrentar a los revolucionarios, pero ste prefiri renunciar para evitar los horrores de una nueva guerra civil, que se hubiera desatado cuando slo faltaban tres meses para concluir su mandato.

Su renuncia pudo facilitar el que el pas se mantenga dentro del rgimen constitucional sin destruirlo, pero eso no era lo que queran los anarquistas; lo que estos queran era precisamente todo lo contrario: ...La captacin de un poder dictatorial que les permita aplicar, con libertad ilimitada y sin estorbos legales, todas las formas posibles de aniquilamiento, de muerte fsica o civil de los adversarios vencidos (Oscar Efrn Reyes.- Breve Historia General del Ecuador, Tomo 2, p. 301).

Consumada la revuelta viaj a Colombia donde fue recibido con todos los honores; pero con el advenimiento del nuevo gobierno del Dr. Velasco Ibarra se desat en su contra una feroz persecucin: Sus bienes le fueron confiscados, su casa fue adjudicada a la Marina de Guerra, y su extensa y rica biblioteca particular fue entregada a la Universidad de Loja que, no queriendo ser cmplice del robo, rehus aceptar el despojo y la recibi slo en custodia, para devolverla posteriormente a su legtimo dueo.

Se le neg pasaporte, se le quiso quitar sus derechos de ciudadana y se lleg al extremo de pedir en su contra la pena mxima de 16 aos de reclusin mayor extraordinaria.

Pero Arroyo del Ro no se afect, es por eso que, en carta del 12 de febrero de 1948, dirigida desde La Habana al Sr. Gustavo Illingworth Baquerizo, en uno de sus prrafos le dice: El momento de la pasin enceguecida tendr que pasar; pasar. La accin empozoada tendr que hundirse, y se hundir en la noche del remordimiento de muchas conciencias. Y, entonces, es posible que la verdad sea cancin entonada por labios juveniles y luz encendida por pensamientos nuevos. Lo que dije ayer, lo que estoy diciendo ahora, lo que dir maana, all quedarn para vergenza de muchos, como hitos de fuego que deslinden el campo limpio de mi accin, de los abruptos eriales de la envidia

Desde el destierro public en su defensa dos importantes obras de carcter histrico-poltico: Bajo el Imperio del Odio y En Plena Vorgine; y ms tarde termin Por la Pendiente del Sacrificio, la misma que deba ser publicada en 1992, esto es, cincuenta aos despus de la firma del Protocolo de Ro de Janeiro; lamentablemente, a pesar de haber estado impresa y lista para su edicin, por orden superior fue incautada y se prohibi su publicacin, que solo pudo realizarse en 1998, cuando el gobierno del Dr. Jamil Mahuad Witt concluy el largo proceso de delimitar definitivamente las fronteras entre el Ecuador y el Per, aplicando lo estipulado en el Protocolo de Ro de Janeiro.

Esta obra constituye un documento de gran importancia histrica, pues a ms de ser la defensa de su gestin gubernamental, devela muchas verdades relacionadas con la invasin peruana de 1941 y la debacle militar de nuestro ejrcito. Su publicacin hizo que aquellos que durante muchos aos se llenaron la boca con discursos patrioteros y reivindicatorios, buscaran la sombra para ocultar su vergenza, aunque hubieron algunos que tuvieron la hombra y el valor de reconocer su equivocacin: Para Verdades el Tiempo.

Sus ltimos aos los vivi dedicado a sus actividades particulares y al ejercicio de su profesin, y muri en su ciudad natal, Guayaquil, el 31 de octubre de 1969.

El Dr. Arroyo del Ro fue un erudito jurisconsulto cuyo estudio profesional era un Forum de consultora jurdica. Fue catedrtico universitario y Rector de la Vieja Casona, miembro de la Academia Ecuatoriana de la Lengua, de la Academia Colombiana de Jurisprudencia, de la Academia de Historia de Cartagena, del Centro de Estudios Histricos y Geogrficos del Azuay, y de las Sociedades Bolivarianas del Ecuador, Colombia y Panam.

Fue un personaje controvertido en razn de su vala, con quien se cerr una poca de estilo poltico en el Ecuador y a quien le toc actuar en la peor crisis nacional habida en la Repblica. Desconocido an por sus gratuitos detractores, el tiempo y el juicio de la historia han empezado a hacerle justicia.

Facetas poco conocidas de l fueron su enorme calidad humana, delicadeza de sentimientos y callada filantropa.

En el 2004, con la publicacin de la obra Carlos Arroyo del Ro: Mrtir o Traidor, el historiador Efrn Avils Pino inici la reivindicacin del doctor Carlos Alberto Arroyo del Ro y de quien fuera su Canciller, el Dr. Julio Tobar Donoso.

 

(1) El Telgrafo, Enero 11 de 1940

(2) Ecuador: Historia de la Repblica de 1830 a Nuestros Das.- Alfredo Pareja Diezcanseco

 

Autor: Efrn Avils Pino

Miembro de la Academia Nacional de Historia del Ecuador

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