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REVOLUCION DE LAS ALCABALAS


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REVOLUCION DE LAS ALCABALAS

Fue una de las primeras manifestaciones polticas del pueblo quiteo en contra de las autoridades espaolas.

Se desarroll entre julio de 1592 y abril de 1593, en poca en que don Manuel Barros de San Milln desempeaba el cargo de Presidente de la Real Audiencia de Quito; y tuvo su origen cuando Felipe II, Rey de Espaa, expidi la Cdula Real por medio de la cual dispuso el pago de un nuevo impuesto del 2% sobre las ventas y permutas.

Este impuesto haba sido creado con el propsito de equipar una armada que vigilara los mares de las indias y protegiera el comercio las ciudades y puertos espaoles de Amrica, que constantemente sufran el ataque de corsarios y piratas que las saqueaban y quemaban para apoderarse de sus riquezas.

La cdula -expedida en noviembre de 1591- fue recibida en Quito el 22 de julio del ao siguiente y en ella se estableca que el nuevo impuesto deba empezar a cobrarse desde el 15 de agosto de 1592. La Audiencia le concedi al Ayuntamiento de Quito quince das de plazo para que resolviera la aceptacin del impuesto, pero apenas transcurridos dos das esta corporacin decidi no aceptar dicha imposicin y elevar al Monarca una peticin que la exonerara de dicho tributo.

Como el gobierno de la Audiencia no les prest atencin, los miembros del Ayuntamiento acudieron ante el Procurador -don Alonso Moreno y Bellido- para que sea l quien dirija las acciones que deban adoptarse para impedir la aplicacin de dicho impuesto. A partir de entonces se realizaron varias reuniones secretas en las que por primera vez se oy hablar de insurgencia, concepto que en esa poca era castigado con la horca.

Al conocer de estas reuniones, el presidente Barros de San Milln escribi al Virrey del Per -don Garca Hurtado de Mendoza- sealando los peligros que se avecinaban y pidindole auxilios militares, a lo que ste respondi enviando una fuerte dotacin de arcabuceros al mando del capitn don Pedro de Arana.

La noticia de la llegada de refuerzos militares puso en alerta a los quiteos, y las organizaciones populares y el cabildo prepararon una fuerza de aproximadamente mil hombres para enfrentar a los realistas, al tiempo que todo el pueblo se prepar tambin para una guerra defensiva.

Por su parte, fray Pedro Bedn -sacerdote dominico quiteo a quien el pueblo admiraba y respetaba por su talento- realiz importantes declaraciones defendiendo la obligacin de que se escuche a los representantes del pueblo.

Al poco tiempo las autoridades espaolas aceptaron la mediacin del padre Bedn y ofrecieron escuchar a los quiteos, por lo que el pueblo depuso su actitud armada y permiti la llegada de las fuerzas de Arana sin oponer la menor resistencia.

Sucedi entonces un hecho verdaderamente vergonzoso, cuando las autoridades espaolas, faltando a su palabra, desataron una feroz persecucin en contra de los caudillos y lderes quiteos. Esta actitud traicionera hizo que el pueblo vuelva a levantarse en armas, pero lamentablemente ya era demasiado tarde, pues los espaoles se haban hecho fuertes en la ciudad ocupando los sitios ms estratgicos de la misma, e impidiendo que los quiteos puedan actuar.

Inmediatamente las autoridades realistas organizaron un tribunal especial y ordenaron la prisin de los dirigentes y partidarios de la revolucin, a los que juzgaron muy ligeramente y condenaron a muerte.

El 28 de diciembre de 1592, en la noche, en medio del silencio habitual de la ciudad se escucharon varios disparos de arcabuz, y cuando el pueblo acudi para ver qu haba sucedido, se descubri el cuerpo del procurador Moreno Bellido, que herido de muerte seal que le haban disparado desde la casa de la Audiencia.

Ese fue el inicio de la represin. A los patriotas se los ahorcaba por la noche para que a la maana siguiente sus cadveres pudieran ser contemplados por los vecinos de la ciudad como un escarmiento en contra del pueblo y la revolucin. Los revolucionarios, por su parte, cometieron tambin varios atropellos y crmenes en contra de los realistas.

Al conocer el Rey de Espaa y el Real Consejo de Indias lo que estaba sucediendo en Quito, desaprobaron airadamente dichos crmenes, pero desgraciadamente las noticias tardaban mucho tiempo en llegar y fueron muy pocos los que pudieron escapar de la persecucin.

La revolucin de las Alcabalas, como toda revolucin, principi alegando motivos justos; pero despus los autores de ella se lanzaron a cometer crmenes, de los cuales no es lcito excusarlos. Los caudillos de los motines y levantamientos de la plebe, no vean ellos mismos el abismo en que precipitaban a la sociedad...

Por otra parte, la autoridad, ejercida por hombres mezquinos y a la vez apasionados, no tuvo, como debiera tener, por nica norma de sus actos, la justicia, sino el inters y la venganza. Quito conoci entonces, con dolorosa experiencia, cuales eran los resultados prcticos de esas revoluciones y levantamientos, en que, con pretexto del bien comn, se buscaba el medro individual (F. Gonzlez Surez.- Historia General de la Repblica del Ecuador, Tomo II, p. 264).

 

Autor: Efrn Avils Pino

Miembro de la Academia Nacional de Historia del Ecuador

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