En la historia política hay hechos que
reflejan que quienes buscan pretextos para echar sombras sobre la honra ajena,
casi siempre los hallan. Uno de éstos es el llamado la “Venta de la Bandera”, dirigido contra
una de las personalidades más notables del Ecuador: El Presidente de la República Dr. Luis Cordero Crespo.
Este hecho, cuyos únicos responsables
fueron el entonces Gobernador de Guayaquil y ex-Presidente de la República, Dr. José
María Plácido Caamaño, y el Cónsul del Ecuador en Valparaíso, Sr. Luis Noguera, puso fin al gobierno del Dr. Cordero y al
período del Progresismo instaurado en el año 1884.
Los sucesos se iniciaron a fines de
1894 cuando China y Japón se encontraban envueltos en guerra, y este último
país necesitaba con urgencia adquirir armas para su defensa. Al ser notificado
del conflicto el Ecuador no se declaró ni neutral ni beligerante, no así Chile
que adoptó la neutralidad y, en consecuencia, de acuerdo con las normas de
derecho internacional estaba impedido de vender armas a los países en
conflicto; mas, como deseaba vender al Japón el crucero de guerra “Esmeralda”,
se valió para el caso de un medio al parecer inocente y sencillo: la falsa y
doble transferencia del buque “Esmeralda”, figurando como que el Ecuador lo
compraba a Chile y lo vendía luego al Japón.
Las negociaciones se hicieron por medio de un
gran amigo de Chile, el ex-presidente Caamaño,
quien mantenía espléndidas relaciones con el Cónsul del Ecuador en Valparaíso,
Sr. Luis Noguera. Fue este personaje quien hizo la
doble transferencia del buque "Esmeralda", figurando como que el
Ecuador lo compraba a Chile y lo vendía luego al Japón.
Este asunto no habría tenido mayor
importancia, si no se hubiera dado el caso de que el buque zarpó de Valparaíso
llevando izada la bandera ecuatoriana -cuando lo correcto era que lleve la
japonesa-, y en esa forma cruzó el Pacífico con destino a Yokohama.
Al conocer de dicho asunto, el Sr.
Juan Murillo, desterrado entonces en Chile, en enero de 1895 hizo la denuncia
respectiva enviando a las autoridades ecuatorianas la copia del supuesto
contrato de compraventa -fechado 30 de noviembre de 1894- y que no era otra
cosa que una “propuesta” de venta hecha por el gobierno de Chile al Ecuador,
con relación al buque de guerra Esmeralda.
Estalló entonces el escándalo y la
denuncia fue presentada a la opinión pública por los enemigos del gobierno, sin
aclarar que fue Chile quien ocultó la intención de utilizar nuestro emblema
durante el viaje del buque. Se acusó inmediatamente al presidente Cordero de
haber traicionado la soberanía de la patria, de haber cometido el delito de
peculado, de contrabando, de antipatriotismo y mil
absurdos más, urdidos según la calidad de los opositores.
No sirvió de nada que Caamaño confiese
su abuso de confianza y se declare como único culpable de no conocer las
intenciones chilenas con respecto al uso de nuestra bandera, pues la oposición
no podía desaprovechar esta oportunidad para
desacreditar al gobierno.
Al conocer de este asunto, el
Gobierno del Ecuador envió un telegrama circular a sus cónsules en diferentes
lugares del mundo, en el que decía:
Señor Cónsul del Ecuador en.....
Haga saber a ése Gobierno que el
Ecuador no ha comprado el crucero “Esmeralda” a Chile. Bandera ecuatoriana
indebidamente puesta en Valparaíso.
Ministro de Relaciones Exteriores
Pero ya el escándalo se había
derramado por todo el país convirtiéndose, por intermedio de la prensa y los
partidos políticos, en un torrente amenazador y de venganza, pues nadie estaba
dispuesto a comprender ni a aceptar la verdad de los hechos. La consigna fue la
renuncia de Cordero o lavar con sangre el pabellón nacional, manchado por la
afrenta irrogada al primer mandatario, y en los labios de los católicos y los
que se decían conservadores se empezó a escuchar la siguiente expresión: “Aunque
suba al poder Alfaro, con tal de que caiga el morlaco”
En los primeros días de febrero de 1895,
buscando aclarar esta situación, el presidente Cordero envió un telegrama al
Sr. Juan Murillo en el que le dice lo
siguiente:
Quito, febrero 7 de 1895
Señor Juan Murillo:
Recibido telegrama de hoy. Deseo me
trasmita copia literal de aquel telegrama del Ministerio de Relaciones
Exteriores en que, según dice usted, se autoriza la compra.
Presidente.
A este telegrama, Murillo contestó en
los siguientes términos:
Santiago, febrero 8 de 1895
Señor Presidente:
Cablegrama Ministro dice:
Mi gobierno está dispuesto a comprar,
si es posible, buque Esmeralda, y comisiona a cónsul Noguera para negociar
respecto precio y otras condiciones, si buque es aceptable para Ecuador,
después viaje de prueba.
Gobierno Chile declara oficialmente,
en nota contestación Ecuador, sobre cancelar patente Cónsul, que vendió
Esmeralda basado en documentos cuyas copias remitió Gobernador.
Prensa juzga insuficientes documentos
para negocio tan importante. Califica inconveniente nota Ministro.
Murillo.
Como se puede apreciar, el telegrama
del Presidente confirma que este nada conocía del supuesto negociado; y la
respuesta de Murillo confirma que no existió tal negociación y que apenas hubo
una posible intención de compra, que finalmente no se realizó.
Por otro lado, es preciso
aclarar que ha Chile no le hacía falta la firma de un contrato falso para que
su buque cruce el mar con una u otra bandera; lo único que necesitaba era poner
una, cualquiera que esta sea -tal cual lo hizo si autorización alguna- y
echarlo a navegar.
Si a todo esto añadimos que el Art.
136 de la Ley de
Hacienda vigente en esa época decía: “El Poder Ejecutivo, ni por sí, ni por
medio de sus agentes, podrá perfeccionar ningún contrato, sin que antes haya
sido publicado por la prensa, con cierta anticipación, en el Periódico Oficial,
si lo hubiere, o en hoja suelta; y todo contrato que se celebre sin este
requisito será nulo”, llegaremos a la conclusión de que al Gobierno le fue imposible acordar dicho
contrato.
El 1 de abril de 1895, Miércoles
Santo, los enemigos de Cordero consideraron que era el día oportuno para
sacrificar a la víctima, e iniciaron una lucha fratricida que dejó las calles
de Quito sembradas de cadáveres y regadas en sangre, pero el Presidente, junto
a sus dos hijos y luchando codo a codo con los soldados y el pueblo que lo
defendían, logró dominar a los sublevados que al grito de “Viva la
revolución... abajo el gobierno”, se habían conjurado para acabar con su
vida.
No obstante la victoria, los enemigos
del gobierno continuaron negándose a escuchar los argumentos esgrimidos en su
defensa por el Dr. Cordero, pues sólo querían ver y oír lo que convenía a sus
intereses... y nada más.
Ante esta situación, y buscando el
camino de la paz y la tranquilidad del país, el 16 de abril de ese mismo año el
Dr. Cordero presentó la renuncia al cargo de Presidente de la República, que le fue
aceptada inmediatamente por el Consejo de Estado y el Congreso.
La “Venta de la Bandera” marcó el fin de
una época, y el comienzo de otra que se inició en Guayaquil el 5 de junio 1895
con el triunfo de la
Revolución Liberal.
En 1898, solo tres años después de los
sucesos, y aún bajo el régimen liberal del Gral. Alfaro, luego del juicio
correspondiente la Corte
Suprema de Justicia dictó su veredicto, en el que hacía
constar que absolvía al gobierno de Cordero, destacando:
Que el Gobierno no intentó
Contrabando.
Que el Gobierno no pudo cometerlo.
Que el Gobierno no lo perpetró ni
cometió.
Que, por tanto, el uso hecho en Chile
de la bandera ecuatoriana, por ningún motivo fue imputable al gobierno, por
ningún concepto fue capaz de escarnecer a la Nación.
Autor: Efrén Avilés Pino
Miembro de la Academia Nacional
de Historia del Ecuador
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