Notable pintor
nacido en Caranqui (algunos sostienen que en Ibarra) el 25 de octubre de 1845,
hijo de don Vicente Troya y de doña Alegría Jaramillo.
Era muy joven
cuando sus padres lo enviaron a la ciudad de Quito para que ingrese a la
Compañía de Jesús y se hiciera fraile: Por esa época hizo amistad con el joven
Federico González Suárez con quien compartió las primeras enseñanzas en esos
años de juventud, pero muy pronto descubrió que su verdadera vocación no estaba
en los discretos pasillos de un claustro sino en la maravillosa luz del arte,
por lo que abandonó el Colegio de Loyola y encaminó sus pasos por otros
senderos en busca de su destino.
Quiso la
casualidad que tocara las puertas del célebre pintor Luis Cadena, de quien
aprendió -en compañía de Joaquín Pinto- la técnica de la iluminación, la
composición y el equilibrio armónico de los colores.
«Cuando contaba
veinticinco años de edad fue comprometido por los sabios alemanes Guillermo
Reiss y Alfonso Stübel, a colaborar con ellos, en calidad de pintor, en sus
excursiones geológicas por el callejón interandino. De su labor pictórica en
esta primera etapa de su vida artística, hay una constancia elogiosa del propio
Stübel, quien en su informe al Presidente de la República consigna lo que
sigue: «Con un placer especial debo mencionar que en todo el viaje del cual
tengo la honra de dar a S. E. el resumen, me acompañó un joven artista del
país, el señor Rafael Troya de Quito. Sería injusto no reconocer aquí el valor
y la perseverancia que ha mostrado, tanto como viajero cuanto para emplear su
talento notable en la pintura del paisaje, bajo las circunstancias más
difíciles del tiempo. Estas pinturas, por la mayor parte tienen el objeto de
completar nuestros trabajos topográficos y geológicos, y facilitar la
inteligencia científica de los volcanes, como los demás hacen gozar igualmente
al ojo artístico» (José María Vargas.- revista
Cultura # 19, p. 393, Bco. Central).
En efecto, Troya
pintó más de 800 lienzos “in situ”, los mismos que luego de ser exhibidos en
Quito fueron llevados a Alemania donde fueron trasladados a grabados para
ilustrar la obra de Stübel y Reiss “Bocetos del Ecuador”, que fue publicada en
Berlín en 1886. Algunas de estas obras se conservan en el Museo Grassi de
Leipzig, aunque otras, la mayoría, desaparecieron o fueron robadas durante la segunda guerra mundial.
Terminado su compromiso con los
alemanes, Troya abandonó Quito y viajó a Pasto y Popayán, en Colombia, donde
permaneció pintando hasta 1889 en que volvió a Ibarra para radicarse
definitivamente y dedicarse a continuar su obra artística.
Entre sus obras
más conocidas se encuentran varios paisajes de la selva oriental y de la región
interandina, entre los que se destaca su notable cuadro representativo del río
Pastaza, pintado en 1909 y que se conserva en el Salón Municipal de la ciudad
de Ibarra. También merecen especial atención El Palora, El Topo, El Altar y El
Chimborazo, pero posiblemente su obra más importante sea la que idealiza La
Fundación de Ibarra, que fue pintada en 1906 para conmemorar los trescientos
años de dicho acontecimiento.
Aunque el
paisajismo fue el principal género de su producción, sus retratos constituyen
un importante conjunto, destacándose entre ellos los de algunas personalidades
como el de don Pedro Moncayo, que se conserva en el Municipio de Ibarra, o La
Dama de la Rosa Amarilla, pintado en 1882 y que se conserva en el Museo del
Banco Central de Guayaquil.
Otros aspectos de su obra
contemplan los temas religiosos como La Sagrada Familia, pintado en 1905 y que
se encuentra en el Banco Central de Cuenca, la imagen del Sagrado Corazón de
Jesús; temas alegóricos e históricos como El Terremoto de Ibarra de 1868 (1895)
y La Fundación de Ibarra (1905); y escenas costumbristas como El Matrimonio
Pobre, La Panadera y, El Viejo y la Muchacha.
Dedicado a su
labor pictórica murió en su ciudad natal el 19 de marzo de 1920.
Autor: Efrén
Avilés Pino
Miembro de la
Academia Nacional de Historia del Ecuador
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