ASTILLEROS DE GUAYAQUIL.- El astillero
nació con Guayaquil, pues Guayaquil tenía –en las cercanías de la ciudad-
maderas de máxima flotabilidad, resistencia, flexibilidad y largura; contaba
también con la presencia de mano de obra calificada venida alguna del
extranjero y, sobre todo, con la presencia en ellos de los mismos nativos de la
región, hábiles constructores de canosas, piraguas y otras embarcaciones muy
seguras y de gran maniobrabilidad.
La
documentación más antigua relacionada con el tema es la firmada en 1547 por
Diego de Vásquez, en la que, escribiendo a Gonzalo Pizarro desde la Isla Puná,
le sugiere que construya galeras para sus expediciones, poniéndole los bosques
de la Isla y sus indios a entera
disposición.
Diez años más
tarde se tienen las primeras noticias de la construcción
–en los astilleros guayaquileños- de las primeras embarcaciones de cabotaje que
navegaron en las rutas del pacífico desde México hasta Chile. Tal llegó a ser la
capacidad de estos astilleros y la calidad de navegabilidad de las naves que en
ellos se fabricaban, que para finales del siglo XVI, ya se habrían convertido
en los más importantes de la Mar del Sur.
Guayaquil no solo tenía
astilleros dentro de la propia ciudad
(en el estero de Villamar; en la Atarazana, etc.) sino que en ocasiones
toda ella llegó a ser un astillero. Además, tuvo un importante centro de
construcción y reparación de naves en la isla Puná, tan importante, que fueron
muchísimos los galeones y naves ahí construidos, incluidas dos “capitanas
reales” y una “almiranta”, encargadas por el Marqués de Mancera el año de 1643.
En los astilleros de Guayaquil, se construyeron grandes
navíos no solo de transporte y carga, sino también destinados a incrementar y
fortalecer la armada de guerra española. Para ello, existían en las cercanías
de la ciudad extensos bosques de árboles de maderas finas, durables y de gran
flotabilidad, muy propicias para su construcción; por otro lado, la tradición
marinera de los primitivos habitantes de la región contribuiría también a
incrementar esta gran industria, en la que participaban la mayoría de los
ciudadanos, y que sería, a la postre, una de las más importantes generadoras de
riqueza y de trabajo.
No resulta extraño entonces, que la conjunción de todos
estos factores y elementos de como resultado la fabricación de naves que en
mucho superaron a aquellas en las que los españoles llegaron a América. Es más,
hasta bien entrada la colonia, no hubo en toda la costa del Pacífico ningún
astillero que pudiera igualar a los de Guayaquil.
Ante estas consideraciones, en 1671 el rey don
Carlos III fundó oficialmente los Reales Astilleros de Guayaquil, destinados a
la construcción de grandes naves mercantes o de guerra.
“Guayaquil es el mejor astillero que se conoce en
toda la costa del mar Pacífico, tanto por la abundancia y calidad incomparable
de sus maderas como por su calidad sobresaliente y comodidad admirable para
construir los buques, siendo el único en donde se pueden fabricar navíos de
todos portes para guerra como para comercio y el más a propósito para carenar.
El Puerto de Guayaquil es entre todos el que
por muchos títulos debe gozar la primacía, porque en él la naturaleza depositó
todo en admirable disposición uniendo la comodidad de su apacible gran río a la
abundancia de maderas exquisitas que no se encuentran en ningún otro país de
América ni en dominio otro alguno de la nación española ni de las de otros
monarcas...
Los navíos que se hacen con sus maderas son
de una duración nunca oída en Europa. Cincuenta o más años de servicio son
poco. Conocimos en servicio uno, el “Cristo Viejo”, llamado así por ser tal su
antigüedad que se había perdido la memoria del tiempo y del constructor, siendo
así que había memoria de constructores de 80 años y más, y ninguno lo había
hecho. Tenía sus maderas tan sanas como acabado de salir del astillero...” (Jorge Juan y
Antonio de Ulloa.- “Noticias Secretas de América”).
El 6 de febrero de 1693 se hizo cargo de la
dirección de los trabajos del astillero el maestro Andrés del Valle, carpintero
de ribera nombrado por el virrey don Melchor Portocarrero y Lasso de la Vega,
director en Guayaquil de las fábricas reales. La época de mayor auge se inició
en 1763, durante el gobierno provincial de don Juan Antonio Zelaya, período que
se extendió hasta 1771 en que vino de España –para hacerse cargo de su
dirección, don Cipriano Chenara, un verdadero constructor naval, quien a más de
atender debidamente las obras de construcción se preocupó en dar lecciones de
su arte a los constructores de la ciudad. Lamentablemente Chenara murió poco
tiempo después, dejando inconclusa la gran obra que había iniciado.
Los
astilleros Guayaquileños no solo se destacaron por ser una de las principales
fuentes de ingresos para la región, sino que a más de esto fueron considerados
-por más de un siglo- los más importantes de la costa del Pacífico.
De
todas las naves construidas en Guayaquil, vale la pena citar por su importancia
los siguientes:
1583.- Se construye por orden del Virrey Toledo,
el Galeón “San Pedro y San Pablo” y el “Apóstol Santiago”, de 400
toneladas.
1600.- El “Visitación”,
de 350 toneladas que fuera destinado a Capitana; y el “Jesús María” con
30 cañones e igual peso, que fue destinado a Almiranta. Ambos fabricados por el
General Ordoño de Aguirre.
1605.- El “San José”
de 400 toneladas, y el “Santa Ana” de 350 toneladas
1617.- “Nuestra Señora de
Loretto”, armada con 40 cañones; y el patache “San Bartolomé” armado
con 8 cañones, que fue construido por el mismo General Ordoño de Aguirre.
1618.- Se construyen los galeoncetes “San Felipe”
y “Santiago” de 16 cañones cada uno. El mismo año se construyen los
pataches “San Bartolomé” y “San Francisco” de 8 cañones cada uno.
1623.- Se construye el
galeón “San Diego” en los astilleros de Joseph de Castro Grijuela.
1632.- El conde de
Chinchón hace construir el “Nuestra señora de la Antigua” de 200
Toneladas.
1646.- Se construye “El
Santiago”, con 50 cañones, el mismo que serviría de almiranta; y “La
limpia Concepción” de 50 cañones también, usado como capitana y naufragado
en 1654 frente a las costas de Chanduy. El encargado de fabricarlos fue el
General Martín de Valenzegui.
1659.- El “Nuestra
Señora de Guadalupe” y el “San José”, fueron botados al agua
en 1659. Su construcción corrió a cargo del General Cristóbal de Melloay el
Teniente General Lorenzo de Bances León.
1680.- Se termina de
construir el “San Lorenzo” de 20 cañones.
1693.-
Se construye como Capitana “El Sacramento”, de 845 toneladas, como
Almiranta el “Concepción” de 781 toneladas y el Patache “Santa Cruz”
de 256 toneladas.
1730.- Se construye el “San
Fermín” con 30 cañones.
Según
estadística recogida en la obra de Alcedo sobre el puerto de Guayaquil, para
1736 se había construido entre Galeones, Galeras y pataches, 176 naves, a más
de una innumerable cantidad de embarcaciones de menor envergadura.
Poco a poco la fabricación iba
decreciendo, coincidiendo con el traslado de los astilleros hacia la zona sur
de la ciudad, hasta que dejó de tener la tremenda importancia continental que
había tenido en el siglo XVII.
Los astilleros de Guayaquil fueron –en definitiva-
determinantes para el desarrollo no solo de la Real Audiencia de Quito, sino
del Virreinato de Lima y de la Corona Española.