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BONIFAZ, Neptalí

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BONIFAZ, Neptalí

Repúblico nacido en Quito el 29 de diciembre de 1870, hijo del diplomático peruano Sr. Neptalí Bonifaz Febre y Zanabria y de la dama quiteña Sra. Josefina Ascázubi y Salinas.

Sus primeros estudios los realizó en su ciudad natal, en el colegio de los jesuitas, y a los quince años de edad viajó a Europa para estudiar Ciencias Económicas, Políticas y Comerciales en las universidades de Ginebra, en Suiza, y en la Sorbona de París, en Francia.

Al terminar sus estudios regresó al Ecuador y durante varios años estuvo dedicado casi exclusivamente a las actividades agrícolas en sus propiedades, hasta que en 1927 fue llamado por el gobierno provisional del Dr. Isidro Ayora para desempeñar el cargo de Presidente del recién creado Banco Central del Ecuador, al que con su capacidad y energía le dio el impulso necesario para asentar sólidamente sus bases.

“Era Bonifaz un conservador paternalista que revelaba su repugnancia por la lucha religiosa, que clamaba por el seguro social obligatorio, por el régimen de la pequeña propiedad -él, que era un gran propietario-, por la carrera administrativa, por la estabilidad monetaria; y que lanzaba un grito a muerte contra la práctica de la usura” (A. Pareja Diezcanseco.- Ecuador: Historia de la República, tomo III, p. 59).

Fue posiblemente ésta una de las razones por las cuales, a principios de 1931, la “Compactación Obrera” -poderosa organización laboral de aquella época- presentó su nombre como candidato a la Presidencia de la República, y aunque inicialmente trató de excusarse alegando no tener ambiciones políticas, las presiones y solicitudes de distinguidas personalidades lo obligaron a aceptar dicha postulación.

“Los que conocemos a Ud. sabemos perfectamente que por fin se presentará al país una nueva era en la que primarán la inteligencia, honradez y patriotismo suyo tan conocidos por quienes como yo tuvimos el gusto de trabajar cerca de Ud.” (Carta del 24 de octubre de 1931 dirigida por el Sr. Luis Ayora).

“Si la patria le impone un sacrificio, por favor acéptelo, que ella lo reclama, lo que necesitamos es un hombre de su fibra, un hombre que tenga el dinamismo suficiente para ejecutar reformas radicales, sin temor de un grupo consabido que declara guerra a muerte a todo reformador” (Carta del 22 de septiembre de 1931, dirigida por el Sr. Luis Napoleón Dillon).

En dichas elecciones no hubo candidato oficial, cosa rara en esos años en que el fraude y la componenda electoral eran cosas establecidas, por lo que, apoyado por las grandes mayorías de los trabajadores -especialmente de la sierra-, obtuvo un amplio e inobjetable triunfo logrando 28.359 votos, frente a los 18.863 que alcanzó su inmediato seguidor don Modesto Jijón, y los 12.813 del comandante Idelfonso Mendoza.

Su elección pudo traer tranquilidad y progreso al país, pues “los conservadores veían en él algo así como un nuevo García Moreno por su honradez, rectitud y energía. Los liberales simpatizaban con quien afirmaba que daría lustre al liberalismo corrigiendo sus quiebras y fallas. Sus adversarios eran, en cambio, la plana mayor del partido que había monopolizado el poder por mucho tiempo, pronto a defenderlo con extraordinario ahínco” (José Rafael Bustamante; prólogo de “Odio y Sangre”).

A pesar de ello oponentes políticos y los miembros de la extrema izquierda no pudieron resignarse a la pérdida ni aceptaron su elección, por lo que valiéndose de un ardid patriotero para influenciar en la decisión popular, lo acusaron de haber declarado, en su “despreocupada juventud”, ser ciudadano peruano.

Pero “... la nacionalidad ni se la adquiere ni se la pierde de modo voluntario, sino en casos de opción y naturalización. En los demás, la determina la ley del país a donde uno ha nacido... el Presidente Electo, Sr. Bonifaz, era lisa y llanamente ecuatoriano, por haber nacido en territorio ecuatoriano y de madre ecuatoriana” (Ing. Federico Páez.- Explico, p. 5).

Así las cosas y pesar de haberse defendido ardorosamente de las acusaciones vertidas en el Congreso en su contra, “una mayoría de diputados sin conciencia, mediante una sola moción farisaica, burló la elección ya consumada, y quedó burlado el pueblo ecuatoriano” (Dr. José María Velasco Ibarra.- Conciencia o Barbarie, p. 52).

El 22 de agosto de 1932, pese a su triunfo electoral legítimamente obtenido, el Congreso Nacional lo declaró “No apto para ejercer la Presidencia de la República”.

Pero no fue solamente “una mayoría de diputados sin conciencia” la que determinó la descalificación de Bonifaz, pues su declaración de ser ciudadano peruano se había repetido posteriormente varias veces y en varios documentos hasta 1914, época en la que contaba ya con 44 años de edad.

“Testimonio demoledor fue la carta que dirigió el señor Neptalí Bonifaz al doctor Leopoldo Izquieta Pérez, a la sazón diputado electo a dicho Congreso por la provincia del Guayas, en la cual declara: “Mi peruanismo se limita a la época de la dominación de Alfaro, durante la cual, por súplicas de mi madre que quería, como todos los ecuatorianos de entonces, defender sus propiedades, consentí llamarme peruano”.

“El propio doctor José María Velasco Ibarra en el voto conjunto con el doctor José Rafael Bustamante, diputado también a ese Congreso reconoce que: “En el manifiesto a la nación del señor Bonifaz, del tres de julio de 1932, consta que hasta el año de 1914 dicho señor se atribuyó la calidad de peruano y de residencia en Quito.

En la partida de nacimiento de su hijo Luis Augusto Bonifaz de 11 de agosto de 1904, el señor Bonifaz se atribuyó, de nuevo, la calidad de peruano, aunque nacido y residente en Quito. Lo mismo se lee en la partida de nacimiento del niño Cristóbal Alfredo César Enrique, del seis de mayo de 1907.

En el poder conferido en París, el 20 de noviembre de 1912, el señor Naptalí Bonifaz se atribuyó la calidad de ciudadano Peruano. En el poder otorgado en el Havre, el cuatro de noviembre de 1914 el señor don Neptalí Bonifaz se llamó ciudadano peruano, avecindado en Quito. Estas declaraciones precisas, categóricas, reiteradas, sin ningún acto que las contradiga hasta 1914 demuestran la voluntad del señor Bonifaz …..”  (Carta del Sr. Rafael Guerrero Valenzuela publicada en Vistazo de marzo 7 de 1996).

Anunció entonces que si se cumplían las intenciones de los legisladores “la sangre subiría a los tobillos”, y en respaldo a sus palabras y a su derecho constitucional, cuatro batallones se sublevaron en Quito juzgando su descalificación como atentatoria contra la libertad de sufragio; pero el Congreso también recibió el apoyo de fuerzas militares provenientes de provincias, y la guerra civil se presentó de repente.

Al grito de “Viva la Constitución”, el pueblo de Quito y la “Compactación Obrera” buscaron las armas en los cuarteles y se lanzaron a las calles para respaldar a los cuatro batallones bonifacistas; por ese motivo, el Dr. Alfredo Baquerizo Moreno, Encargado del Poder en esos difíciles momentos, tuvo que asilarse en la Embajada Argentina luego de depositar la conducción del país en manos del Ing. Carlos Freile Larrea.

El 28 de agosto las tropas militares provenientes de diferentes provincias para respaldar la decisión del Congreso entraron en Quito a sangre y fuego, enfrentando a un valeroso pueblo que no estaba dispuesto a quedar burlado; “el silbido de las balas hendía la angostura de las calles o trepidaba en las plazas dejando regueros de sangre. Ráfagas de ametralladora zigzagueaban en busca, muchas veces, de inocentes víctimas que rodaban empañabas las pupilas por la niebla de la muerte. Los defensores de la ciudad y los que llegaban del sur y del norte al mando de la alta jerarquía militar para aniquilar la rebelión, decían luchar para defender la constitución. Ambos por un ideal que se esfumaba en vientos de suprema contradicción” (E. Muñoz Borrero.- En el Palacio de Carondelet, p. 398).

Las calles se cubrieron de gran cantidad de muertos y el tableteo de las ametralladoras fue la lúgubre música que se escuchó durante la “Guerra de los Cuatro Días, que terminó el 1 de septiembre -gracias a la intervención del cuerpo diplomático acreditado en Quito- con la firma de un “armisticio” y con la declaración de no haber ni vencedores ni vencidos.... ¡pero no fue Presidente... y los muertos... muertos quedaron!

Siete años más tarde fue llamado nuevamente por el Banco Central para desempeñar el cargo de Presidente del Consejo Administrativo, y en dichas funciones actuó desde abril de 1939 hasta febrero de 1940.

Alejado voluntariamente de la función pública y dedicado a sus actividades particulares, el Sr. Neptalí Bonifaz murió en la ciudad de Quito el 23 de agosto de 1953.

 

Autor: Efrén Avilés Pino

Miembro de la Academia Nacional de Historia del Ecuador

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Autor - Efrén Avilés Pino, Miembro de la Academia Nacional de Historia del Ecuador Diseño Web: Aldo Mora
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