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CAAMAÑO, Dr. José María Plácido

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CAAMAÑO, Dr

Político y jurista guayaquileño nacido el 5 de octubre de 1838, hijo del Sr. José María Caamaño y de la Sra. Dolores Cornejo.

Sus primeros estudios los realizó en el Colegio Seminario de su ciudad natal donde se graduó de Bachiller en Filosofía y Letras: Por esa época le toco vivir en Guayaquil el heroico drama de la Revolución Marcista que en 1845 puso fin al dominio político del Gral. Juan José Flores y posteriormente se trasladó a Quito para continuar estudios superiores en la universidad, donde obtuvo el título de Doctor en Jurisprudencia.

Regresó entonces a Guayaquil para dedicarse, primero al comercio y después a las labores agrícolas, pues a pesar de la insistencia de sus padres no quiso ejercer la carrera de derecho.

Intervino, junto a la mayoría de los guayaquileños, en el movimiento revolucionario que acaudillado por el Gral. Ignacio de Veintemilla estalló en Guayaquil el 8 de septiembre de 1876 en contra del gobierno del Dr. Antonio Borrero y Cortázar.

Inicialmente apoyó al gobierno instaurado por Veintemilla, pero más tarde expresó su descontento con las actuaciones del régimen y se alejó de él para dedicarse nuevamente a las labores agrícolas en el fundo de Tenguel. En 1882, cuando el Gral. Veintemilla proclamó su segunda dictadura, volvió al quehacer político y trabajó para acabar con el gobierno de facto, razón por la cual y luego de ser descubierta su participación en una conspiración, fue tomado prisionero y desterrado al Perú.

Al año siguiente volvió para intervenir en los combates que pusieron fin a la dictadura y luego -junto al Dr. Luís Cordero, don Pedro Carbo y los generales José María Sarasti y Agustín Guerrero- fue llamado para formar parte de la junta o Pentavirato que se hizo cargo de la conducción del país.

El 11 de octubre de 1883 la Convención Nacional reunida en Quito lo eligió Presidente interino, y luego de expedir la nueva Carta Fundamental, el 7 de febrero de 1884 procedió a elegir al nuevo Presidente Constitucional de la República, para lo cual Caamaño presentó su candidatura junto a la del Sr. Rafael Pérez Pareja. Al someter a votación, ésta resultó empatada, resolviéndose entonces jugar a la suerte quien debía ser el favorecido.

“El resultado no pudo ser dudoso y héteme allí a don Plácido, por arte de birlibirloque, el designado para Presidente de la República del Ecuador; resolución que después apoyó la mayoría servil de la asamblea. ¡Los cruentos sacrificios de la Nación en la lucha titánica que sostuvo con la dictadura, quedaron burlados¡ En una elección popular, honrada, ese hombre no habría obtenido los votos que le dieron los diputados confabulados en esa cábala eleccionaria” (Eloy Alfaro.- Narraciones Históricas, p. 217).

Elegido de esta curiosa manera, el Dr. José María Plácido Caamaño asumió la Presidencia de la República el 18 de febrero de 1884, iniciando con su gobierno el período político que fue llamado Progresismo.

“Subió al poder sin odio ni rencor; y, confiando en la paz y en el buen sentido de los ecuatorianos, trató de poner en práctica ideas de conciliación entre los elementos políticos que, terminada la campaña (la de 1882-83 contra la dictadura de Veintemilla), debían naturalmente recordar sus antiguas tradiciones” (Camilo Destruge.- Album Biográfico Ecuatoriano, tomo II, p. 84).

Una vez que hubo asumido el poder y a pesar de haber contado con el apoyo mayoritario de los liberales, buscó rodearse preferentemente de elementos conservadores, olvidando a quienes habían sido pilares importantísimos no sólo para poner fin a la dictadura de Veintemilla sino para llevarlo al Solio presidencial, por lo que al poco tiempo de haber iniciado su gobierno tuvo que enfrentar a las famosas “montoneras” y a los movimientos revolucionarios que, organizados por los liberales, se convirtieron en un azote en contra de su régimen.

“Caamaño fue implacable con los enemigos de su gobierno, los persiguió a sol y sombra y a costa de mucha sangre logró conjurar todas las conspiraciones que contra él se organizaban, inclusive el intento de asesinato en la población de Yaguachi, del que se salvó lanzándose al río y ganando entre las sombras de la noche la orilla opuesta a aquella en que se encontraban sus irreductibles enemigos” (R. Arízaga Vega.- Antonio Vega Muñoz: El Insurgente, p. 75).

Decidido a no dejarse vencer enfrentó con decisión y coraje a sus enemigos políticos. Entre el 5 y 6 de diciembre de 1884 venció al Gral. Eloy Alfaro en el Combate Naval de Jaramijó; posteriormente, venció y capturó con hábil ardid a Nicolás Infante, a quien fusiló en Palenque el 1 de enero de 1885 poniendo fin a la Revolución de los Chapulos; y, finalmente, capturó e hizo fusilar a Luís Vargas Torres, en Cuenca, el 20 de marzo de 1887.

“Una propaganda malintencionada, ha tratado de hacer parecer al presidente Caamaño, como un hombre de buena voluntad, que no ha carecido de los dotes para ser un buen gobernante, pero que ha fracasado por la fuerza de las circunstancias. El valor intelectual de Caamaño demuéstrase por el hecho de haber pertenecido a más de diez academias y corporaciones sabias de Europa y América; su gestión como gobernante la demuestran sus obras, sin ser un genio como estadista, no es en modo alguno el mediocre que pintan sus enemigos, ni el liberal transfigurado que termina persiguiendo a sus propios coidearios; es el hombre sereno que rechaza la revolución, procura la paz nacional, y dentro de los escasos medios de que dispone, enrumba la energía nacional a su progreso. Su obra es más bien positiva” (Jacinto Jijón y Caamaño.- Política Conservadora, p. 369).

En el primer año de su mandato, y queriendo conocer de cerca las necesidades más importantes de las diferentes regiones del Ecuador, visitó las provincias de Carchi, Imbabura, Tungurahua, León (hoy Cotopaxi), Bolívar, Los Ríos, Guayas y El Oro. De esta manera pudo organizar adecuadamente su plan de gobierno para poder impulsar el desarrollo de todo el país.

Creó escuelas por todas partes: Desde los villorrios más apartados -incluyendo las islas Galápagos- hasta las ciudades más importantes, se vieron beneficiadas con su plan de construcciones escolares. Reabrió y estructuró la Escuela Militar de Quito y la Náutica de Guayaquil; Restableció la Universidad de Quito y fundó el Instituto de Ciencias; e incrementó notablemente la Biblioteca Nacional, el Jardín Botánico, la Escuela de Agronomía y el Observatorio Astronómico.

Su preocupación por el progreso del país se extendió ampliamente en lo que respecta a las comunicaciones. En ese campo se inauguró el telégrafo entre Guayaquil y Quito, impulsó los trabajos del ferrocarril y entregó asignaciones para la construcción de varias carreteras, especialmente las que comunicaban la sierra con el oriente.

Durante su gobierno se dictaron varias e importantes leyes de beneficio social; se pusieron los cimientos para la construcción de la “Basílica del Voto Nacional”, en Quito, y se concluyó y estrenó el Teatro Sucre, también en Quito, cuya construcción había sido iniciada por el gobierno del Gral. Ignacio de Veintemilla.

Finalmente, luego de cuatro años de gobierno apegados a los principios y normas constitucionales de la República, y de brindar todo su respaldo para llevar al poder al Dr. Antonio Flores Jijón, su mandato presidencial terminó el 30 de junio de 1888.

Fue entonces nombrado Ministro Plenipotenciario ante el gobierno de los EE.UU. de Norteamérica, luego de lo cual volvió a Guayaquil para ser nombrado, en 1892, Gobernador de la provincia del Guayas.

Desempeñaba dichas funciones cuando a principios de 1895 se denunció el escándalo de la Venta de la Bandera, que acusaba del mismo al gobierno del Dr. Luís Cordero. Caamaño, que había intervenido en dicho asunto -que no fue ninguna venta ni negociado-, asumió con gran valor su total responsabilidad exonerando de culpa al Presidente de la República, y luego de renunciar a su cargo abandonó el país para siempre.

Al ingresar a la vida política e intervenir activamente en todas sus manifestaciones, era poseedor de una gran fortuna que había logrado como producto de sus actividades comerciales y agrícolas, pero en 1895, al buscar refugio en tierras extranjeras, era tan pobre, que para poder subsistir necesitó del socorro de un rico pariente suyo.

Así, envuelto en una honorable pobreza, el Dr. José María Plácido Caamaño vivió sus últimos días en Sevilla, España, donde murió el 31 de diciembre de 1901.

Caamaño era “un político hábil y de carácter, con voluntad propia y dotes de mando, que le hicieron dueño de la República, a la cual siguió gobernando después de su administración desde la Gobernación de la Provincia del Guayas y a través de los gobiernos que le sucedieron. No pensó jamás usurpar el Poder y en dar el escándalo de una dictadura, como algunos de sus antecesores; pero en cambio los gobiernos eran obra suya, procedían bajo su influencia dominadora e irresistible, y si las circunstancias eminentemente graves en que tuvo intervención no hubieran cortado el hilo de su vida pública, habría vuelto a presidir en Estado en un segundo período...” (J. A. Campos.- Historia Documentada de la Provincia del Guayas, Tomo V, p. 112).

 

Autor: Efrén Avilés Pino

Miembro de la Academia Nacional de Historia del Ecuador

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Autor - Efrén Avilés Pino, Miembro de la Academia Nacional de Historia del Ecuador Diseño Web: Aldo Mora
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