Religioso español nacido en el
pueblecito de Alberca, en la región de Extremadura, el 25 de noviembre de 1740,
hijo de unos humildes pero honrados y sencillos trabajadores, más ricos en
virtudes cristianas que en bienes de fortuna.
A los doce años de edad sufrió la
muerte de su padre, por lo que fue recogido en el Colegio de Huérfanos de la
Concepción en Salamanca, donde permaneció hasta concluir sus estudios.
Vino a América en el año 1765 traído
por el Ilmo. Fabián y Fuero, Obispo de la Puebla de Los Angeles en México, y
tres años más tarde fue ordenado sacerdote. Al poco tiempo, gracias a sus
virtudes y notable inteligencia se le confiaron cargos muy honrosos como el de
Rector del seminario y Gobernador del obispado.
En diciembre de 1788, el Rey de
España, don Carlos III, lo presentó para el Obispado de Quito, fue preconizado
en abril del año siguiente y recibió la Consagración Episcopal el 23 de agosto
de ese mismo año.
Llegó a Guayaquil el 1 de julio de
1790, y en su marcha hacia Quito recorrió los pueblos pertenecientes a dicha
Diócesis, y luego de visitar Chimbo, Guaranda, Riobamba, Ambato y Latacunga, en
un viaje que duró cerca de seis meses, entró en Quito a fines de febrero de
1791.
Su obispado en Quito duró muy poco,
pues el 1 de noviembre de 1792 -apenas un año y medio después de haber tomado
posesión de la Diócesis-, recibió la Cédula por medio de la cual se le
comunicaba que se le había aceptado la renuncia, que había solicitado con
insistencia en repetidas ocasiones, casi desde el mismo día en que fue
consagrado.
Al poco tiempo partió hacia Guayaquil
donde se embarcó con destino a México para proseguir luego a España, pero la
nave en la que viajaba naufragó en alta mar, y pereció luchando con las olas,
junto a todos los tripulantes, cuando contaba tan sólo 50 años de edad.
Autor: Efrén Avilés Pino
Miembro de la Academia Nacional de
Historia del Ecuador
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