Su historia se remonta -de alguna
manera- a la de la Real Academia Española, fundada en 1714 por don Juan Manuel
Fernández Pacheco con la finalidad de limpiar, fijar y dar esplendor a la
lengua española.
A finales de 1870, la Academia
Española concedió las autorizaciones respectivas para establecer instituciones
correspondientes a ella en diferentes países de habla castellana, y así, el 4
de marzo de 1875, se instaló en Quito la Academia Ecuatoriana de la Lengua,
que entre sus principales propósitos contemplaba el de albergar en ella a los
grupos intelectuales y literarios de todas las regiones del país.
“La Academia Ecuatoriana constituye la
más alta y respetable entidad cultural debido a la importancia de quienes la
conforman; a ella han pertenecido y pertenecen ínclitas figuras de la
intelectualidad, cuya obra recomienda la admiración de las generaciones” (F. y L.
Barriga López.- Diccionario de la Literatura Ecuatoriana).
Autor: Efrén Avilés Pino
Miembro de la Academia Nacional de
Historia del Ecuador
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