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GARCIA MORENO, Dr. Gabriel

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GARCIA MORENO, Dr

Notable político guayaquileño nacido el 24 de diciembre de 1821, hijo del patriota y prócer de la independencia, Dn. Gabriel García Gómez, y de la Sra. Mercedes Moreno.

Huérfano de padre desde que tenía apenas diez años de edad, su primera educación la recibió directamente de labios de su madre, que debatiéndose en una honorable pobreza realizó todos los esfuerzos para poderle dar una instrucción adecuada, «los rudimentos de latinidad le fueron dados por un vecino de su casa y confesor de doña Mercedes, el mercedario quiteño fray José Primo Betancourt. Al chiquillo se le arrasaban los ojos en lágrimas al ver a otros niños ir a la escuela sin poderlo él: tal era la falta de vestidos decentes para convivir con rubor entre sus compañeros» (Luís Robalino Dávila.- García Moreno).

A los quince años de edad su madre lo envió a Quito para que continúe la secundaria en el Convictorio de San Fernando, que dependía de la universidad, donde se destacó por su extraordinario talento, su seriedad y sus notables aptitudes para el estudio. Estas virtudes le abrieron las puertas de la Universidad de Santo Tomás, en la cual siguió, sin interrupción, los cursos de humanidades, filosofía y jurisprudencia.

Por esos años universitarios, su aspiración de alcanzar una situación social destacada lo hizo frecuentar la casa del Gral. Juan José Flores, con intenciones de pretender los favores de Juanita Jijón, cuñada del general, de quien presumiendo entre sus amigos dijo que se desvivía por el. Enterado Flores de su fanfarronería, en la primera oportunidad y con verdadero desaire lo sacó de su casa.

Este vergonzoso incidente lo llevó a ingresar al grupo de quiteños que encubiertos con el nombre de Sociedad Filotécnica, conspiraba en contra del gobierno. Fue por esa época que despertó el hombre violento, temperamental y ególatra que había en él, y a los 22 años de edad, en el seno de la Sociedad tuvo la osadía de proponer abierta y públicamente el asesinato del Gral. Juan José Flores, a quien personalmente acechó durante una noche -puñal en mano- con intenciones homicidas.

El 23 de marzo de 1848 alcanzó el título de Doctor en Jurisprudencia. Ya para entonces -a raíz de la Revolución Marcista- había iniciado su vida política publicando “El Zurriago”, inmundo pasquín por medio del cual -con lenguaje procaz, agresivo y malintencionado- se dedicó a atacar y ofender a los políticos más respetables de la época.

“El quiso hacer labor de escándalo atacando a los sacerdotes y a hombres de verdadera rectitud y prestancia; quiso hacer labor nefasta, de dislocamiento social, porque eso lo sacaba del anonimato… quiso que el pasquincito le sirviera de plataforma para ser conocido y temido, porque insultaba a todos, sin respeto ni pudor de ninguna clase” (Aurelio Ordoñez Zamora.- Gabriel García Moreno, pág. 43).

A partir de 1852 declaró su oposición y empezó a atacar al gobierno liberal del Gral. José María Urbina y al militarismo que éste representaba, pero para hacerlo usó el lenguaje del insulto y la ofensa -no solo contra Urbina sino, también, contra el Congreso convocado por este-, por lo que fue desterrado y viajó a París, Francia, donde se dedicó por entero a estudiar Física, Matemáticas, Química y Apologética Cristiana.

En París permaneció hasta 1858 en que retornó al Ecuador para encontrarse con que el Perú había colocado 15.000 hombres perfectamente apertrechados en la frontera de Tumbes, y que su presidente, el Gral. Ramón Castilla, ha ordenado el bloqueo de todos los puertos, bahías, caletas y desembarcaderos de la República del Ecuador.

Poco o nada le importó a García Moreno la amenaza peruana; lo que lo alteró fue que el Poder estaba en manos de otro militar de la misma línea de Urbina: el Gral. Francisco de Robles.

Ese mismo año asistió al Congreso como Senador, y aunque el país se encontraba peligrosamente amenazado por el Perú, desde el Congreso se dedicó a combatir furiosamente al gobierno de Robles, por lo que poco tiempo después fue nuevamente desterrado. Ya para entonces su figura política había alcanzado gran renombre en todo el país, facilitándole el camino para que el 1 de mayo de 1859, un pronunciamiento conservador en Quito -hábilmente manipulado por él desde su destierro en Lima- desconociera la autoridad del presidente Robles y entregara el Poder que  carecían a un triunvirato que estuvo integrado por él y por los doctores Jerónimo Carrión y Pacífico Chiriboga, aunque estos dos solamente actuaron en forma figurativa.

A los pocos días García Moreno volvió de Lima para tomar el poder en sus manos, asumiendo además las funciones de Director General de Guerra.

Inmediatamente y a pesar de que la armada peruana mantenía bloqueadas las aguas del golfo, organizó un fuerte contingente militar al frente del cual marchó hacia Guayaquil con intenciones de aplastar al urvinismo. El 3 de junio se enfrentó con el ejército del Gral. Robles en Tumbuco, cerca de Guaranda, donde luego de una violenta y feroz carnicería sus fuerzas fueron derrotadas y puestas en precipitada fuga, pues la experiencia y habilidad militar del Gral. Urbina, y la disciplina de sus hombres, que ya habían sido probadas con anterioridad, dieron buena cuenta de su ejército.

En dicho combate estuvo a punto de perder la vida, y sólo pudo salvarse gracias al sacrificio de un valiente sargento que le ofreció su caballo para que pudiera huir. Ese sargento sería más tarde General de la República y gobernaría el país como Jefe Supremo y Presidente Constitucional: Ignacio de Veintemilla.

«A raíz de esta derrota cometió García Moreno su primer error en materia internacional, en la que siempre tuvo actuaciones absurdas que inclusive comprometieron su bien ganado prestigio... Al sentirse impotente ante el poder bélico del gobierno de Guayaquil decidió dirigirse a Lima para solicitar apoyo a Castilla. Es decir, a conseguir hombres y armas peruanos para matar ecuatorianos. Increíble locura que, objetivamente, linda con la traición...» (Carlos de la Torre Reyes.- Piedrahita: Un Emigrado de su Tiempo, p. 132).

Desde Lima, el 2 de julio de 1859 lanzó una proclama firmada como Jefe Supremo del Ecuador, en la cual aseguraba que el ejército y la escuadra peruana eran amigos del pueblo ecuatoriano, y que la probidad histórica del mariscal Ramón Castilla, Presidente del Perú, garantizaba que serían «acatadas nuestra nacionalidad y la integridad de la República, respetados nuestros derechos y, en adelante, dirimida toda desavenencia por medios honrosos y conciliadores», sostenía además que dichos principios serían cumplidos por «las benévolas y amistosas disposiciones que el pueblo peruano y su leal y valeroso caudillo realizan en favor de nuestra República» (Luís Robalino Dávila.- Orígenes del Ecuador de Hoy - García Moreno).

Pocos días más tarde llegó al puerto a bordo del buque peruano “Lima”, y envió una comunicación al Gral. Franco -Jefe de la Guarnición de Guayaquil- en la cual le proponía desconocer al gobierno del Gral. Robles, celebrar un armisticio con el Jefe de la escuadra peruana (presente en las aguas del golfo y frente a Guayaquil) y permitir que la ciudad se adhiera al gobierno que deseare.

Su habilidad política convenció al Gral. Franco y el armisticio se firmó el 21 de agosto, estipulándose unir a los gobiernos de Guayaquil y Quito bajo las siguientes bases: El reconocimiento popular en Guayaquil del Gobierno Provisorio de Quito, la renuncia de García Moreno como miembro de ese gobierno, el nombramiento del Sr. Manuel Espantoso en su lugar, y la designación del Gral. Franco en el cargo de General en Jefe del Ejército.

Desgraciadamente para nuestra patria, a los pocos días se sucedieron otros levantamientos civiles y militares en diferentes ciudades, que amenazaron acabar con la unidad del país. En efecto, al triunvirato de Quito, presidido por García Moreno, se sumaron un gobierno en Cuenca y otro en Loja, y finalmente, el 17 de septiembre de 1859, el Gral. Franco se proclamó Jefe Supremo de Guayaquil y Cuenca.

La situación de podredumbre política que se vivía en el Ecuador fue aprovechada por el presidente peruano, Gral. Ramón Castilla, quien el 8 de noviembre, al mando de una escuadra de quince buques y cinco mil hombres, desembarcó y ocupó Guayaquil, para exigir a Franco la firma de un acuerdo, que se concretó a principios de 1860 cuando se firmó el llamado Tratado de Mapasingue.

Ya para entonces, en diciembre de 1859 García Moreno había dirigido varias comunicaciones al Sr. Emile Trinité, representante diplomático de Francia, solicitándole ayuda política y militar a cambio de convertir el Ecuador en un protectorado. La propuesta de García Moreno convertiría a Francia “en el dueño de estas bellas regiones… El gobierno de Quito interrogará al pueblo si quiere unirse al imperio francés, bajo el nombre que usted a bien tuviese indicar de antemano…”

“García Moreno, obsesionado por su ilimitada ambición, quiso entregar a su patria a una nación extranjera, a un hombre de antecedentes innobles como Napoleón III, quien hubiera encargado su gobierno del Ecuador al mismo García Moreno…” (Aurelio Ordoñez Zamora.- Gabriel García Moreno, pág. 228).

Afortunadamente, Francia agradeció la deferencia, pero no aceptó convertir a nuestro país en protectorado (1).

Con el país totalmente fragmentado social y políticamente, debilitado militarmente por las luchas internas y con la amenaza peruana frente a Guayaquil, García Moreno recibió una ayuda inesperada: el Gral. Juan José Flores, en patriótico gesto, desde el destierro ofreció su espada a su antiguo enemigo, quien aceptó y lo nombró Jefe Supremo del Ejército. En poco tiempo Flores y García Moreno organizaron una poderosa fuerza con la que a fines de julio de 1860 marcharon sobre Guayaquil.

Desde Guaranda García Moreno dirigió dos importantes proclamas: Una a los habitantes de Guayaquil y otra al Ejército Nacional, al que arengó con su histórica orden: “Soldados, os mando que marchéis a la victoria”.

Pocos días después y luego de una fulgurante campaña militar, el 24 de septiembre se libró la Batalla de Guayaquil que culminó con el triunfo de Flores y García Moreno, por lo que Franco tuvo que abandonar Guayaquil y huir hacia el Perú en las naves peruanas que aún permanecían frente a Guayaquil. Seguidamente y gracias al talento militar de Flores, todas las insurrecciones que brotaron en el país pudieron ser sofocadas.

Pero... Con que dinero se financió y armó al ejército que expulsó a los peruanos y apaciguó al país...? La respuesta la daría el Ministro francés radicado en Quito, Monsieur Antonio Fabre, quien posteriormente comunicaría al Monsieur Thuvenel, Ministro de Relaciones Exteriores de Francia, que “...ha terminado el peligro de la invasión peruana, por la poderosa, aunque secreta ayuda del gobierno francés”.

Apaciguado el país, el Gobierno Provisorio convocó a una Asamblea Constituyente que se reunió en Quito el 10 de enero de 1861 con el propósito de expedir una nueva constitución y elegir Presidente de la República, designación que recayó sobre él por una gran mayoría de 37 votos a favor y uno en contra. Esta Constitución fue muy importante para el estado ecuatoriano, porque sirvió para dar un paso adelante al sistema parlamentario que hasta entonces estaba conformado por representantes de los tres departamentos: El del norte, cuyo centro era Quito; el del sur o Azuay; y el de la costa o Guayas.

García Moreno asumió la Presidencia de la República, el 2 de abril de 1861, y pocos días después -el 23 de abril- autorizó por decreto que se contrate la construcción de un Ferrocarril destinado a unir la costa y la sierra.

En lo administrativo se creó la provincia de Los Ríos, se dictaron leyes de beneficio social, se reconstruyeron los locales en los que funcionaban las oficinas públicas, se inició la construcción de importantes carreteras y vías de comunicación entre la costa y la sierra, y se gestionó ante el gobierno de Francia la construcción del Observatorio Astronómico de Quito.

En lo económico logró solventar el crédito cancelando las deudas del Estado, y se preocupó de manera especial por la elaboración de un nuevo sistema hacendario que permita asegurar tanto las recaudaciones como la correcta inversión de los fondos públicos. Organizó el Tribunal de Cuentas y adoptó las medidas necesarias para beneficiar de la manera más amplia el crédito de la Hacienda Pública.

Paro García Moreno aún mantenía sus pretensiones de que el Ecuador vuelva a ser colonia, por lo que en junio de 1961 insistió ante el nuevo encargado de negocios de Francias, Sr. M. Fabre, confirmándole ser “…partidario de que este país magnífico llegue a ser civilizado y rico bajo la bandera de Francia; aspiro a que el pueblo del Ecuador sea tan feliz que se una él mismo a esa grande y generosa nación…”

En lo internacional, se acordó el célebre Concordato de 1862, que de alguna manera sólo sirvió para convertir al Ecuador en un inmenso monasterio; y debido a sus excesos e intemperancias, García Moreno comprometió al país en dos serios y desagradables conflictos en las fronteras con Colombia, que culminaron con sendas derrotas del ejército ecuatoriano.

El primero fue en Tulcán, en julio de 1862 «cuando García Moreno invadió tierras de Colombia para castigar ofensas de guerrilleros colombianos. Enfrentóse con tropas de Julio Arboleda, jefe, por entonces, de un bando conservador de Colombia... Arboleda, después de breve tiroteo, puso en precipitada fuga a los reclutas de García Moreno; y aún más: tomó prisionero al propio Presidente del Ecuador» (O. E. Reyes.- Breve Historia General del Ecuador, tomo II, p. 148).

Afortunadamente se trató de un enfrentamiento entre conservadores -fanáticos jesuíticos que odiaban a los liberales- por lo que el mandatario ecuatoriano, luego de ofrecer una buena cantidad de armas a su vencedor, fue liberado y todo quedó en paz «como si nada hubiera sucedido».

El segundo conflicto fue en diciembre de 1863 contra el presidente liberal Gral. Tomás Cipriano Mosquera, quien reclamaba al mandatario ecuatoriano por el apoyo que había brindado a los revolucionarios conservadores. Esta vez, con el propósito de organizar mejor a su ejército buscó nuevamente al experimentado y valiente Gral. Juan José Flores, a quien encomendó la misión de cruzar la frontera y aplastar para siempre a los liberales colombianos. Así, Flores emprendió la campaña y atravesó victorioso la frontera, hasta que llegó a Cuaspud, a pocos kilómetros de Tulcán.

«En este lugar siniestro, el general Tomás Cipriano de Mosquera, gran estratega y héroe también de la independencia, le había preparado a su colega uno de los más ruidosos desastres militares de la época. En dos o tres horas encerró y destrozó casi totalmente al ejército floreanista. Los batallones sobrevivientes, de espantados reclutas, emprendieron veloz carrera de regreso a su tierra. Las fuerzas de la retaguardia, contagiadas del pánico, hicieron lo mismo, en medio de la sorpresa, de la confusión y del despecho del general Juan José Flores, no acostumbrado jamás a semejantes fugas por precipicios y barrancos» (Reyes.- ídem p. 149).

En esta ocasión, al igual que en Tulcán, se impuso la generosidad del presidente colombiano -que de alguna manera se sentía avergonzado por la firma del Protocolo Mosquera-Selaya, por medio del cual se proponían el «reparto» del Ecuador, entre Colombia y Perú; documento que afortunadamente fue descubierto a tiempo por el gobierno del Dr. García Moreno- y una vez más todo quedó «como si nada hubiera pasado».

Para mantener el orden interno del país buscó y encontró los caminos más fáciles, pero que respondían claramente a su personalidad: Al que hacía oposición lo enviaba al patíbulo o lo desterraba por el camino del oriente, destinándolo a una muerte casi segura. Hizo fusilar o dejó morir en las prisiones a altos militares y a otros hombres notables; y reprendió cruelmente cualquier tentativa revolucionaria.

Así sucedió en mayo de 1865, cuando el Gral. Urbina intentó -junto con el Gral. Robles- desestabilizar al gobierno y a bordo de los vapores “Bernardino”, “Washington” y “Guayas” se situó a la salida del golfo de Guayaquil, frente al estrecho de Jambelí. Ante esta situación, en una acción relámpago García Moreno descendió por el Guayas y en un violento ataque hundió al “Guayas” y capturó al “Bernardino”.

Escribió entonces una de las tantas páginas sangrientas que caracterizaron su vida política: Desde Jambelí hasta llegar a Guayaquil, fusiló a 26 rebeldes entre soldados rasos y bisoños, con el único propósito de escarmentar a quienes podrían representar un peligro para su autoridad absoluta. Luego capturó también al Washington, y a duras penas pudieron escapar con vida los generales Urbina y Robles, que buscaron refugio en el Perú.

A las víctimas de Jambelí, se sumó en Guayaquil el ciudadano argentino Santiago Viola, a quien el mandatario acusó de intervenir en los asuntos políticos del Ecuador.

«Durante esa época, memorable para la historia del Ecuador, puso el Presidente García Moreno de relieve todas las cualidades de su espíritu.- Valiente hasta la temeridad, enérgico, activo, severo hasta la violencia. Nada le arredraba, a nada temía; iba derecho a su objeto: -sin pensar en los obstáculos, ni evitarlos al presentarse; los dominaba. Todos cuantos nudos gordianos encontró en su camino, otros tanto cortó con violencia.- No le detuvo el cadalso político, ni la insuficiencia de una ley: -levantó el primero con mucha frecuencia y rompió la segunda cuando lo creyó necesario...

Bien pudo ejecutar todo eso de buena fe; pero tenemos por principio que el fin no justifica los medios; y que lo que la Ley prohíbe al Magistrado no debe infringirse por éste, so pena de atacar su mismo Poder que descansa en la Constitución y romper de hecho con el pacto social, como lo hizo García Moreno en su desatentada idea de considerarse el árbitro de los destinos de su patria y el soberbio empeño de poner sobre las leyes su voluntad absoluta...» (Camilo Destruge.- Album Biográfico Ecuatoriano, tomo II, p. 25).

Finalmente, su primer gobierno terminó, de acuerdo con la Constitución, el 30 de agosto de 1865.

Gracias a su influencia política el poder pasó al Sr. Dn. Jerónimo Carrión, antiguo amigo suyo y a través de quien pretendió continuar gobernando, pero Carrión no se doblegó ante sus presiones, por lo que tuvo que hacer uso de sus poderosas habilidades políticas para obligarlo a dimitir del cargo. Fue así que, a principios de noviembre de 1867, le envió con el Gral. Julio Sáenz, Comandante Militar de la Guarnición de Quito, un apremiante mensaje que le fue comunicado al mandatario en los siguientes términos: «Excelentísimo señor, manda a decirle el señor García Moreno que renuncie usted inmediatamente a la presidencia» (Abelardo Moncayo.- Añoranzas).

Puso entonces en el poder al Dr. Javier Espinosa y Espinosa, a quien derrocó por medio de un golpe militar el 16 de enero de 1869. «Cuartelazo injustificado, semilla y «ovo» de todos los demás que después hemos padecido: García Moreno, «el civilista más arrogante de América», dejó enseñando la lección más fatal y nociva dentro de la vida institucional: La corrupción de los soldados, para que intervengan en política y derriben y eleven presidentes...» (Benjamín Carrión.- García Moreno: el Santo del Patíbulo).

Autoproclamado Jefe Supremo de la República, convocó a una Asamblea Constituyente que bajo su poderosa influencia se reunió en Quito del 16 de mayo al 30 de agosto de ese año y que dictó, a su voluntad, la octava Constitución de la República, que por su contenido fue llamada por el pueblo «Carta Negra». Esa misma asamblea lo nombró Presidente Constitucional de la República, por segunda vez.

Su nuevo mandato se inició el 10 de agosto de 1869 y desde el primer día se vislumbró una era de paz y progreso. El trabajo y la honestidad fueron normas fundamentales de la acción del gobierno, pues ya durante su primer período había dicho: «...a los que corrompa el oro, los reprimirá el plomo; al crimen seguirá el castigo; a los peligros que hoy corre el orden sucederá la calma que tanto deseáis; y, si para conseguirlo es necesario sacrificar mi vida, pronto estoy a inmolarla por vuestro reposo y por vuestra felicidad».

Se lograron importantes adelantos en todos los órdenes, desde lo económico hasta lo moral. Se volvió a considerar la agronomía como la base de la riqueza del país y se continuaron las construcciones de carreteras y diferentes vías de comunicación. Hombre de ambiciones sin límites, dio gran impulso a la educación creando escuelas, colegios e institutos de especialización científica, contratando para el caso a los mejores maestros sin importar que éstos sean nacionales o extranjeros.

En 1871, un levantamiento indígena encabezado por Fernando Daquilema y su compañera Manuela León marcó el prólogo de un drama que -como en todos los que participó García Moreno- tendría también su epílogo de Sangre.

Para mediados de diciembre los indígenas se habían tomado varias poblaciones de la sierra central, donde en un exceso de venganza, violencia y terror, cometieron toda clase de crímenes, asesinando y quemando las casas de los blancos y varios edificios públicos. Ante esta situación, García Moreno ordenó la represión inmediata de los sublevados, por lo que antes de finalizar el año, las fuerzas del gobierno llegaron y actuaron implacablemente, capturando a un gran número de indígenas, entre ellos a Daquilema y su compañera.

El 8 de enero de 1872, luego de ser golpeada salvajemente y vejada en su pudor, Manuela León fue fusilada sin miramientos; tres meses más tarde, a las 11 a.m. del día lunes 8 de abril, Fernando Daquilema sufría la misma pena en la plaza central de Yuriquíes, ante la presencia de 200 indígenas que fueron obligados a ver la ejecución.

«En 1873 el Ecuador se consagraba solemnemente al Sagrado Corazón de Jesús y hacía profesión pública de fe en los perennes postulados de la Religión Católica, cuya savia ha nutrido las raíces más hondas de nuestra nacionalidad» (C. de la Torre Reyes.- ídem p. 317).

Construyó el Panóptico de Quito, la Casa de Artes y Oficios y el Conservatorio de Música; desarrolló un plan para la apertura y canalización de los ríos y construyó puentes y edificios públicos.

«García Moreno era grande por su ciencia, grande por su inteligencia, por su valor, su constancia, su honradez; habría podido serlo como Mandatario, en la extensión de la palabra; pero se empequeñeció al querer levantar solo sobre el pedestal de su soberbia y ser el árbitro de los destinos de la República, el fiscal y juez, a un tiempo, de sus conciudadanos, y el dueño absoluto del mando, abarcando en sí los tres altos poderes de la administración...» (Camilo Destruge.- Album Biográfico Ecuatoriano, tomo II, p. 27).

En su megalomanía llegó a creer que la integridad de su persona estaba asegurada por el respaldo que había logrado en el Congreso a su favor, y porque estaba convencido de que sólo él podía cumplir con las grandes empresas que el país necesitaba para su desarrollo. «Difícilmente podría haberse encontrado un jefe mejor que él».

Sin embargo, a mediados de 1875 las consecuencias de la Carta Negra empezaron a pesar sobre la voluntad de la mayoría de los ciudadanos. El recuerdo de las guerras con Colombia, las persecuciones, el largo martirio de Juan Borja, los latigazos al anciano Gral. Fernando Ayarza, el fusilamiento de Maldonado, los crímenes de Jambelí, el exceso de crueldad y un sinnúmero de terribles actos producidos por la violencia de un carácter que quería imponerse sobre todo, extendiendo su poder de manera indefinida, precipitaron el sangriento final.

En la mañana del 6 de agosto de 1875, un grupo de confabulados se encontraba en las cercanías de la entrada al Palacio de Carondelet esperando su llegada; eran hombres notables como Roberto Andrade, Manuel Cornejo Astorga, Abelardo Moncayo, Manuel Polanco y otros; militares, políticos, estudiantes, ciudadanos, todos ellos perseguidos por el odio del implacable tirano. Cuando finalmente apareció, luego de visitar a su familia, al grito de «Muera el Tirano» Faustino Lemus Rayo dejó caer el machete asesino, al tiempo que Andrade disparaba sobre su cabeza sangrante.

Entre gritos, insultos, grotescos movimientos, estallidos, carreras, olor a sangre y pólvora, odio y venganza, García Moreno recibió catorce machetazos y numerosos disparos; y mientras caía mortalmente herido, al tiempo que exclamaba «Dios no Muere» apretó contra su pecho un crucifijo que siempre llevaba consigo. Agonizante fue llevado entonces hasta la catedral, donde murió una hora y cuarto después de sufrir el atentado.

Al enterarse del Asesinato de García Moreno, Juan Montalvo, que se encontraba desterrado en Ipiales, Colombia, exclamó: «Mi Pluma lo Mató», pues consideró que sus escritos y artículos periodísticos habían influenciado en el ánimo de quienes llevaron a cabo el magnicidio.

La vida política y los gobiernos del Dr. García Moreno se caracterizaron por la implacable, terrible y vengadora persecución que ejerció sobre sus enemigos políticos, por su tiranía administrativa, y por su profunda dedicación a la Iglesia Católica y a la fe cristiana.

Durante sus administraciones se introdujo el gusano de seda y la siembra del eucalipto; se propiciaron las reconstrucciones de Ibarra y Babahoyo que habían sido destruidas por terremotos e incendios, respectivamente; y se inició la construcción del ferrocarril ecuatoriano, del que se tendieron 40 Km de vía férrea entre Durán y Yaguachi.

Fueron notables sus afanes renovadores y apreció los problemas sociales y culturales del indigenismo; trajo al país a los Hermanos Cristianos de «La Salle» con profesores italianos y alemanes que fueron verdaderos sabios; fundó la Escuela Politécnica e impulsó ampliamente la educación.

Ante la muerte de García Moreno asumió la Presidencia de la República el Ministro de lo Interior Sr. Francisco Javier León.

 

(1) En carta del 17 de diciembre de 1859, García Moreno dice a Trinité: “Por lo que respecta a mí, y aún puedo decir por lo tocante a todos los hombres de orden, la felicidad de este país dependerá de su unión al Imperio Francés; bajo las condiciones locales que existen entre el Canadá y la Gran Bretaña, salvo las diferencias que hubiese que introducir por la fuerza de las circunstancias...”. Posteriormente, en 1861, García Moreno comisionó al Dr. Antonio Flores Jijón para que renovase las gestiones en tal sentido. En uno de sus capítulos, la propuesta hecha por el Ecuador a Francia dice: “Esta monarquía podría ser nación independiente, bajo un príncipe designado por su Majestad el Emperador, y para no despertar celos de los otros Estados, podría llevar el nombre de Reino Unido de los Andes”.

 

Autor: Efrén Avilés Pino

Miembro de la Academia Nacional de Historia del Ecuador

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Autor - Efrén Avilés Pino, Miembro de la Academia Nacional de Historia del Ecuador Diseño Web: Aldo Mora
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